No es una historia neutral. Es una genealogía crítica que muestra cómo ciertas ideas sobre el mercado, el Estado y el trabajo fueron moldeadas, radicalizadas y utilizadas como armas de dominación de clase. Para el movimiento obrero y la izquierda transformadora, comprender esta evolución no es un ejercicio académico: es una condición para resistir.
Adam Smith (1723-1790), en La riqueza de las naciones (1776), nos vendió la idea del mercado autorregulado: cada uno buscando su interés genera bienestar colectivo. Pero el mismo Smith denunció los bajos salarios y la alienación del trabajo. David Ricardo fue más lejos: los salarios tienden al mínimo de subsistencia. John Stuart Mill intentó un liberalismo con rostro humano: cooperativas, impuestos progresivos… pero nunca cuestionó la propiedad privada de los medios de producción.
"Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables."
— Adam Smith, contradicción no resuelta del liberalismo clásico.
Karl Marx tomó la teoría del valor trabajo de Ricardo y la invirtió: el capitalista no paga salarios justos, sino que extrae plusvalía del trabajo no pagado. El Capital (1867) demostró que la acumulación originaria fue violenta (cercamientos, esclavitud, colonialismo) y que el capitalismo tiende a crisis periódicas. Marx participó en la Primera Internacional y asesoró a los primeros sindicatos modernos.
Lección principal: el capital no concede derechos sin organización y presión. Las huelgas generales, la Comuna de París (1871) y las revoluciones rusa y china son hitos de esta tradición.
Ludwig von Mises y Friedrich Hayek desarrollaron el argumento central del neoliberalismo: el socialismo es imposible porque no existe el cálculo económico sin precios de mercado. Hayek, en Camino de servidumbre (1944), identificó el Estado de bienestar con el totalitarismo. Su objetivo: sindicatos son monopolios dañinos, salario mínimo es una distorsión.
El puente hacia las políticas concretas lo tendió Milton Friedman (Universidad de Chicago): flotación de monedas, fin del pleno empleo y ataque frontal a los sindicatos.
| Corriente | Visión del trabajo / sindicatos | Herencia política |
|---|---|---|
| Economía clásica | Trabajo como fuente de valor, pero salarios de subsistencia | Justificación del capitalismo industrial |
| Marxismo | Plusvalía, lucha de clases, sindicatos como instrumento de transformación | Movimientos obreros, revoluciones |
| Escuela austríaca | Sindicatos como monopolios dañinos; flexibilización laboral extrema | Base teórica del neoliberalismo |
| Neoliberalismo (Chicago) | Ataque frontal a la sindicalización, "mercado libre" como dogma | Políticas de shock (Chile, Thatcher, Reagan) |
| Neoconservadurismo | Sindicatos como enemigos internos; destrucción deliberada | Guerra cultural, Patriot Act, ilegalización de sindicatos en Irak |
El momento decisivo ocurrió en Chile tras el golpe de 1973. La dictadura de Pinochet aplicó el programa neoliberal diseñado por los "Chicago Boys". Las medidas incluyeron: privatización de pensiones (AFP), salud (ISAPRE), educación; eliminación de la negociación colectiva; legalización del despido libre. Milton Friedman visitó Chile en 1975, asesoró directamente a Pinochet y calificó el experimento como un "modelo a seguir".
"El shock era necesario, Chile es un éxito económico"
— Milton Friedman, conferencia de prensa en Santiago, 1975.
La financiarización completó el cuadro: las empresas priorizan el "valor para el accionista", los trabajadores se convierten en costes a minimizar.
Si la Escuela de Chicago proporcionó la teología del mercado, los neoconservadores (neocons) aportaron la estrategia geopolítica: liberalismo económico extremo + intervencionismo militar + hostilidad frontal a los sindicatos. Figuras como Irving Kristol, Paul Wolfowitz, Dick Cheney articularon esta alianza letal.
"El movimiento obrero organizado es la única institución que queda en Estados Unidos con el poder para desafiar al establishment. Por eso debemos marginarlo, deslegitimarlo y, si es necesario, ilegalizar sus formas más combativas."
— Irving Kristol, padre del neoconismo.
En Irak (2003), los neocons decretaron la ilegalización de los sindicatos (CPA Order N°1) y privatizaron la economía iraquí. Reagan, por su parte, despidió a los controladores aéreos (PATCO, 1981) y declaró la guerra al movimiento obrero.
El neoliberalismo y los neocons lograron fragmentar al movimiento obrero, precarizar el empleo y criminalizar la protesta. Sin embargo, el ciclo 2010-2026 muestra brotes de recomposición: huelgas de riders y plataformas (Deliveroo, Uber), organización obrera en Amazon (Staten Island, 2022), alianzas eco-sindicales y huelgas feministas que integran la lucha de cuidados. Una estrategia ganadora debe incluir a los precarizados, disputar la batalla cultural y construir solidaridades internacionales efectivas.
"La única respuesta digna a la explotación es la organización colectiva sin intermediarios ni caciquismos. Construir poder obrero hoy implica reivindicar la memoria viva de las luchas, pero también inventar nuevas formas de democracia en el trabajo, la vivienda y la vida."
"El marxismo no es un dogma: es una herramienta viva para comprender el presente y transformarlo. Sin memoria de las luchas, no hay futuro posible."
— Teoría Crítica