750-1517.Más de 750 años de historia

Califato Abasí

El Califato Abasí fue la tercera gran dinastía califal y una de las más longevas del mundo islámico. Descendientes de Abbas, tío del profeta Mahoma, los abasíes derrocaron a los omeyas en el 750 y trasladaron la capital a Bagdad, que pronto se convirtió en el centro cultural, científico y económico de la Edad de Oro del Islam. Durante más de cinco siglos, los califas abasíes gobernaron un imperio que se extendía desde el norte de África hasta Asia Central, aunque con el tiempo su poder se fue fragmentando.

Fundación y esplendor: El primer califa, Abu l-Abbas al-Saffah, estableció la dinastía, pero fue su hermano al-Mansur quien fundó Bagdad en 762 y consolidó el estado. Bajo al-Mahdi, Harún al-Rashid y al-Ma'mun, el califato alcanzó su máximo esplendor: florecieron las artes, las ciencias y la filosofía, con la creación de la Casa de la Sabiduría y la traducción de obras clásicas.

Decadencia y fragmentación: A partir del siglo IX, el poder efectivo de los califas comenzó a declinar. La creciente influencia de los guardias turcos, las luchas internas y la aparición de dinastías autónomas (como los tuluníes en Egipto o los buyíes en Irán) redujeron al califa a una figura simbólica. En 945, los buyíes chiíes tomaron Bagdad y el califa quedó bajo su tutela. Más tarde, los turcos selyúcidas (1055) restauraron la autoridad nominal abasí, pero el poder real siguió en manos de sultanes.

Caída de Bagdad y restauración en El Cairo: En 1258, los mongoles de Hulagu saquearon Bagdad y ejecutaron al último califa, al-Musta'sim, poniendo fin al califato abasí en Irak. Sin embargo, tres años después, el sultán mameluco Baibars reinstauró la línea abasí en El Cairo, donde los califas continuaron como figuras legitimadoras del poder mameluco hasta la conquista otomana de Egipto en 1517. El último califa, al-Mutawakkil III, fue llevado a Estambul, y según la tradición, cedió el título a los sultanes otomanos.

Legado: Los abasíes marcaron la edad de oro del islam: desarrollaron la ciencia, la filosofía, la literatura y el arte, y sentaron las bases de la cultura islámica clásica. Bagdad se convirtió en un mito de cosmopolitismo y saber, y su legado perduró en el mundo musulmán hasta la edad moderna. A continuación, se presentan las biografías completas de todos los califas abasíes, desde la fundación hasta la desaparición de la dinastía.

Califas de Bagdad.750-1258

Abu l-Abbas al-Saffah
750-754. Primer califa abasí
Descendiente de Abbas, tío del Profeta Muhammad, Abu l-Abbas encabezó la meticulosa revolución que derrocó a la dinastía omeya en 750.

Su sobrenombre, al-Saffah (el Generoso o el Sanguinario), refleja la doble naturaleza de su reinado: fue pródigo con sus partidarios, pero despiadado al eliminar a la familia omeya, organizando banquetes donde masacraba a los invitados.

Estableció la capital primero en Kufa y luego en Anbar, sentando las bases administrativas del nuevo estado. Aunque gobernó solo cuatro años antes de morir de viruela, logró centralizar el poder, apoyarse en la facción persa (los abasíes habían triunfado gracias al apoyo de Jorasán) y neutralizar focos rebeldes.

Su breve mandato fue crucial para consolidar el cambio dinástico: reorganizó el ejército, purgó a los antiguos funcionarios omeyas y otorgó a los mawali (convertidos no árabes) un estatus más igualitario.

Los cronistas como al-Tabari y al-Mas'udi destacan su astucia política: aunque sanguinario, supo rodearse de visires competentes y asegurar la lealtad de las provincias orientales. Murió en 754, dejando el trono a su hermano al-Mansur, quien completaría la obra fundacional.

Su figura, a menudo opacada por sus sucesores, fue sin embargo la chispa que encendió el período más brillante del islam medieval. [fuente: al-Tabari, al-Mas'udi]
Al-Mansur
754-775. Verdadero fundador
Hermano y sucesor de al-Saffah, Abu Ya'far Abd Allah al-Mansur es considerado el verdadero arquitecto del Califato Abasí. Gobernó durante 21 años, un período decisivo en el que transformó un estado revolucionario en un imperio burocrático y estable.

Su mayor legado fue la fundación en 762 de Bagdad, la "Ciudad de la Paz" (Madinat al-Salam), una metrópolis circular concebida como centro neurálgico del mundo islámico, con la famosa Puerta de Bronce y el palacio califal en su núcleo.

Para consolidar el poder, eliminó sin escrúpulos a antiguos aliados que consideraba peligrosos, como el poderoso general Abu Muslim (asesinado en 755), lo que le valió fama de calculador y desconfiado.

Estableció una administración centralizada con visires persas (los barmakíes comenzaron su ascenso bajo su tutela) e instauró una cancillería eficiente. Bajo su mandato, el Imperio abasí se extendió desde el norte de África hasta la India, sofocó rebeliones jariyíes y alidas, y creó un sistema fiscal (kharaj y jizya) más racional.

También promovió la traducción de textos persas y griegos, sembrando las semillas del movimiento intelectual posterior. Al-Mansur murió en 775 durante una peregrinación a La Meca, dejando un estado sólido, unas finanzas saneadas y una dinastía que duraría cinco siglos.

Los cronistas como al-Tabari lo describen como austero, trabajador y despiadado, pero indispensable para la grandeza abasí. [fuente: al-Tabari]
Al-Mahdi
775-785. Continuidad y esplendor
Hijo de al-Mansur, Muhammad al-Mahdi heredó un imperio en paz y lo orientó hacia el lujo cortesano y la expansión cultural. Su reinado de diez años continuó la obra paterna, fortaleciendo la administración y la red de caminos, pero con un carácter más abierto al mecenazgo artístico.

Favoreció a poetas como Abu Nuwas y músicos como Ibrahim al-Mawsili, convirtiendo su corte en un imán para los talentos. Intentó una reconciliación pragmática con los chiíes, liberando a algunos prisioneros alidas y devolviendo parte de sus bienes, aunque no dudó en reprimir con dureza las revueltas que amenazaban el orden, como la de al-Hasan b. Ibrahim en 776.

Militarmente, continuó la guerra santa contra Bizancio, llegando hasta las puertas de Constantinopla en 782 en una campaña que terminó con un tratado ventajoso. Su reinado fue próspero gracias a los ingresos fiscales bien gestionados y al comercio que fluía por Bagdad.

Sin embargo, su muerte en 785, posiblemente envenenado o por enfermedad, abrió la puerta a una breve sucesión antes del reinado legendario de Harún al-Rashid. Al-Mahdi representa la transición entre la fundación austera de al-Mansur y el fasto dorado de su hijo Harún: un gobernante culto, pero firme, que supo disfrutar del poder sin descuidar las armas. [fuente: al-Tabari]
Al-Hadi
785-786. Reinado breve
Hijo mayor de al-Mahdi, Musa al-Hadi gobernó apenas catorce meses, pero su paso fue lo suficientemente turbulento como para dejar huella en las crónicas.

Desde el principio se enfrentó a su poderosa madre, Jáyzurán, una antigua esclava yemenita que había acumulado una enorme influencia política y que quería seguir manejando los hilos del poder tras la muerte de su esposo. Al-Hadi intentó marginarla, confiscarle sus bienes y reducir su papel a lo meramente ceremonial, lo que provocó una tensión extrema en el palacio.

También intentó cambiar la sucesión en favor de su propio hijo, saltándose los derechos de su hermano Harún (el futuro al-Rashid), lo que generó un complot palaciego. Las circunstancias de su muerte son oscuras: las fuentes hablan de una enfermedad repentina o, según versiones más extendidas, de un asesinato orquestado por su propia madre, quien le habría hecho estrangular o envenenar para colocar en el trono a su hijo favorito, Harún.

Al-Hadi fue descrito como enérgico, belicoso y celoso de su autoridad, pero también irascible y paranoico. Su breve reinado es un ejemplo fascinante de las luchas de poder en el harén abasí, donde las mujeres podían decidir el destino de los califas. [fuente: al-Tabari]
Harún al-Rashid
786-809. El califa de Las mil y una noches
Harún al-Rashid (Harún el de la Recta Guía) es, sin duda, el califa más famoso de la dinastía abasí, inmortalizado por Las mil y una noches como un soberano justo, rodeado de lujos, poetas y aventuras nocturnas por las calles de Bagdad. Su reinado de 23 años representa el cenit del poder y la riqueza del califato.

Bajo su gobierno, el imperio se extendía desde el Atlántico hasta el Indo, y Bagdad se convirtió en el centro financiero e intelectual del mundo conocido. Su corte atrajo a sabios, músicos y juristas de todas las provincias.

Estableció relaciones diplomáticas con Carlomagno, intercambiando regalos legendarios (como un elefante y un reloj mecánico) que asombraron a Europa. Durante los primeros 17 años, confió la administración a la poderosa familia persa de los barmakíes, que gestionaron el imperio con eficiencia.

Pero en 803, en un giro drástico e inexplicable, Harún ordenó la ejecución de Yahya al-Barmakí y el encarcelamiento de su hijo Yafar, aniquilando a la familia de la noche a la mañana, un episodio que aún desconcierta a los historiadores (quizá por celos, miedo a su poder o conflictos de sucesión).

Su mayor error fue dividir el imperio entre sus tres hijos: al-Amin (heredero en Bagdad), al-Ma'mun (Jorasán) y al-Mu'tasim (reserva), lo que desencadenaría una sangrienta guerra civil tras su muerte en 809. Falleció en Tus (Jorasán) mientras sofocaba una rebelión. [fuente: al-Tabari, Las mil y una noches]
Al-Amin
809-813. Guerra civil
Muhammad al-Amin era hijo de Harún al-Rashid y de Zubayda, una princesa abasí de pura sangre, lo que le daba un pedigrí árabe impecable. Heredó el trono en Bagdad, pero su hermano al-Ma'mun (hijo de una concubina persa) gobernaba Jorasán con gran autonomía.

Pronto, instigado por cortesanos árabes que despreciaban la influencia persa, al-Amin desconoció los acuerdos sucesorios de su padre e intentó eliminar a al-Ma'mun. Esto desencadenó una terrible guerra civil (fitna) que duró cuatro años y devastó Irak.

Al-Amin era más aficionado a los banquetes, la caza y los eunucos favoritos que a las armas, mientras que al-Ma'mun contaba con el genial general Tahir ibn al-Husayn. Las tropas de al-Ma'mun sitiaron Bagdad durante más de un año (812-813), una ciudad enorme que resistió con hambre y epidemias.

Finalmente, la ciudad cayó, y al-Amin fue capturado mientras intentaba huir disfrazado. El 25 de septiembre de 813, en un triste final, fue ejecutado por órdenes de Tahir, a pesar de que al-Ma'mun había pedido que se le perdonara la vida. Su cabeza fue enviada a su hermano como trofeo.

Al-Amin pasó a la historia como un califa frívolo y derrochador, cuyo reinado efímero e incompetente puso fin a la unidad del imperio abasí. [fuente: al-Tabari]
Al-Ma'mun
813-833. Gran mecenas intelectual
Abd Allah al-Ma'mun, vencedor de la guerra civil, fue el califa más culto e intelectualmente ambicioso de toda la dinastía. Hijo de una concubina persa (Marayil), gobernó desde Merv (en Jorasán) los primeros años y luego desde Bagdad tras someter las facciones rebeldes.

Su gran contribución a la historia fue la creación en Bagdad de la "Casa de la Sabiduría" (Bayt al-Hikma), una institución que combinaba biblioteca, academia y centro de traducción. Allí, sabios de distintas religiones y lenguas tradujeron al árabe obras de Aristóteles, Platón, Galeno, Ptolomeo, así como textos persas e indios (incluyendo el Sindhind, un tratado astronómico). Al-Ma'mun también envió emisarios a Bizancio en busca de manuscritos griegos.

Pero su reinado tuvo un lado oscuro: en 833 impuso la doctrina mutazilí (racionalista, que sostenía que el Corán era creado y no eterno) como dogma oficial, y estableció la "mihna" (inquisición), una prueba mediante la cual los ulemas y jueces debían jurar la doctrina oficial so pena de cárcel o muerte. Esta política causó un cisma profundo entre el califato y la ortodoxia suní, que se negaba a dicha innovación.

Al-Ma'mun murió en campaña contra los bizantinos en 833, a orillas del río Bedana. Su reinado marcó el cénit intelectual abasí, pero también la primera gran fractura religiosa auspiciada por el poder. [fuente: al-Tabari, Ibn al-Nadim]
Al-Mu'tasim
833-842. Califa guerrero
Hermano menor de al-Ma'mun, Abu Ishaq Muhammad al-Mu'tasim era más soldado que letrado. Al ascender al trono, se enfrentó a un ejército abasí dominado por facciones árabes y persas conflictivas.

Su solución radical fue crear un nuevo ejército profesional compuesto mayoritariamente por esclavos turcos (ghilman o mamelucos), comprados en Asia Central, que no tenían lealtades locales y dependían totalmente de él. Esto le garantizó una fuerza leal y eficaz, pero a largo plazo crearía un problema mayor: los turcos se convertirían en los "hacedores de reyes".

Para alejarse de la conflictiva Bagdad, en 836 fundó una nueva capital, Samarra, al norte, donde construyó enormes palacios y campos de entrenamiento militares. Samarra sería la capital durante 56 años (836-892).

Al-Mu'tasim fue un califa guerrero victorioso: sofocó la rebelión de Babak Khorramdin en el Azerbaiyán persa (837) y, sobre todo, asoló la ciudad bizantina de Amorio (Ankara) en 838, en una campaña cruel que la poesía árabe celebraría como venganza por los ataques bizantinos.

Su muerte en 842 dejó un estado militarizado y una creciente dependencia de la guardia turca, una semilla de futura anarquía. [fuente: al-Tabari]
Al-Wathiq
842-847. Continuidad
Harún al-Wathiq (el "Confidente de Dios") era hijo de al-Mu'tasim y bisnieto de Harún al-Rashid. Su breve reinado de cinco años supuso una continuidad de las políticas de su padre: mantuvo la prominencia de los generales turcos (como Itakh y Wasif) en la administración y el ejército, y continuó la "mihna" impuesta por al-Ma'mun, persiguiendo a los ulemas que se negaban a aceptar la doctrina de la creación del Corán.

Fue un gobernante culto (sabía griego, persa y turco, además de árabe), y se rodeó de músicos y poetas. Militarmente, sofocó revueltas beduinas en el Hiyaz y en Siria, y mantuvo la presión sobre Bizancio, logrando un intercambio de prisioneros importante en 845.

Murió joven, quizá por beber demasiado o envenenado, en 847, sin dejar heredero claro, lo que llevó al trono a su hermano al-Mutawakkil.

Al-Wathiq no fue un califa innovador, pero su reinado mostró que la estructura militar turca funcionaba y que Bagdad/Samarra seguía siendo el centro del poder, aunque la influencia persa había disminuido notablemente. [fuente: al-Tabari]
Al-Mutawakkil
847-861. Fin de la tolerancia
Jafar al-Mutawakkil es una figura trágica y decisiva en la historia abasí. Ascendió al trono tras la muerte de al-Wathiq, y durante sus primeros años gobernó con prudencia, pero pronto dio un giro radical.

Su obra más duradera fue el fin de la "mihna" en 848: abolió la doctrina mutazilí, restauró la ortodoxia suní tradicional (el Corán increado) y persiguió a los racionalistas. Pero su fanatismo religioso se extendió a otras confesiones: en 850-851 promulgó el célebre "edicto de la vestimenta" que obligaba a judíos y cristianos a llevar distintivos amarillos en la ropa, cinturones pesados y montar sólo en mulas, además de ordenar la destrucción de iglesias nuevas. Persiguió también a los chiíes, profanando la tumba de Husayn en Kerbala.

En el plano arquitectónico, terminó la Gran Mezquita de Samarra con su famoso minarete helicoidal (el Malwiya). Pero su dependencia de la guardia turca, a la que despreciaba abiertamente, se volvió letal: intentó nombrar heredero a su hijo al-Muntasir (de madre griega) en detrimento del preferido por los turcos, al-Mu'tazz.

En diciembre de 861, los generales turcos, encabezados por Wasif y Bugha, asesinaron a al-Mutawakkil en su palacio, supuestamente con la complicidad de su propio hijo al-Muntasir. Con su muerte comenzó la llamada "Anarquía de Samarra" (861-870), una década de califas títeres y luchas de facciones turcas. [fuente: al-Tabari]
Al-Muntasir
861-862. Breve reinado
Muhammad al-Muntasir era el hijo que al-Mutawakkil había postergado. Implicado en el asesinato de su padre (o al menos conocedor del complot), fue elevado al trono por los generales turcos. Su califato duró apenas seis meses, tiempo suficiente para mostrar su carácter vengativo y débil.

Lo primero que hizo fue perseguir a los miembros de la familia que apoyaban a sus rivales y destrozar la tumba de su tío al-Mu'tazz. También trató de ganarse a la población aboliendo algunas restricciones impuestas a los cristianos y deteniendo la persecución de los chiíes.

Sin embargo, los turcos pronto se dieron cuenta de que era impredecible y manipulador. Murió en junio de 862, probablemente envenenado por los propios comandantes turcos, que habían decidido sustituirlo por otro califa más dócil.

Su muerte abrió la puerta a una rápida sucesión de califas impuestos y depuestos por los generales. Al-Muntasir es recordado como uno de los primeros "califas de títeres", un triste augurio del declive del poder abasí. Ningún hecho relevante militar o cultural marcó su efímero reinado. [fuente: al-Tabari]
Al-Musta'in
862-866. Tensiones civiles
Ahmad al-Musta'in, nieto de al-Mu'tasim, fue elegido por los comandantes turcos a los 23 años. Pronto surgieron tensiones entre las facciones turcas de Samarra (que controlaban la capital) y los grupos árabes y persas de Bagdad, que añoraban la antigua capital.

En 865, los notables de Bagdad invitaron al califa a trasladarse a Bagdad y rebelarse contra el dominio turco. Al-Musta'in huyó a Bagdad, lo que provocó un asedio de Samarra a la ciudad que duró más de un año. Bagdad quedó devastada, con hambrunas y saqueos.

Finalmente, al-Musta'in abdicó en 866 a cambio de conservar la vida, pero los turcos, temiendo que se convirtiera en un foco de rebelión, lo asesinaron poco después.

Su reinado de cuatro años fue un anticipo de lo que serían los sucesivos conflictos entre Bagdad y Samarra, y demostró que los califas ya no podían moverse sin permiso de los militares. Fue ejecutado en 866, y su muerte es a menudo usada por los historiadores para marcar la pérdida total de autoridad ejecutiva abasí. [fuente: al-Tabari]
Al-Mu'tazz
866-869. Intentos de reforma
Abu Abd Allah al-Mu'tazz accedió al trono con apenas 18 años, después del asesinato de al-Musta'in. Era un joven inteligente, culto y ambicioso, decidido a liberarse del control de los generales turcos.

Durante su reinado de tres años, intentó apoyarse en facciones militares opuestas a Wasif y Bugha, pero su falta de experiencia y recursos lo llevaron al desastre. En 868, ordenó el asesinato del poderoso general Wasif, pero los turcos, enfurecidos, se rebelaron abiertamente.

Al-Mu'tazz fue capturado, depuesto y torturado hasta la muerte en julio de 869. Durante su califato, ocurrió un hecho clave: en Egipto, Ahmad ibn Tulun, un general turco enviado como gobernador, comenzó a actuar de manera independiente, sentando las bases de la dinastía tuluní (868-905), que de facto independizó Egipto de Bagdad por primera vez.

Al-Mu'tazz es un ejemplo clásico del califa "mártir de su propia ambición": quiso recuperar el poder y murió por ello. Simboliza el fin de cualquier ilusión de restauración califal en el siglo IX. [fuente: al-Tabari]
Al-Muhtadi
869-870. Modelo de piedad
Al-Muhtadi fue un califa atípico en esta época de anarquía. Nieto de al-Mu'tasim, fue nombrado por los turcos tras la muerte de al-Mu'tazz. Al contrario que sus predecesores, era un hombre muy piadoso, asceta, que vestía ropas ásperas y se negaba a los lujos cortesanos.

Intentó gobernar según los principios del Corán y la Sunna, con justicia severa, y trató de eliminar la corrupción de la corte y el ejército. Celebró audiencias públicas donde escuchaba personalmente las quejas de los más humildes. Pero esto mismo le granjeó la enemistad de los generales turcos, que vieron peligrar sus privilegios.

Cuando los turcos se enfrentaron a una revuelta de los negros esclavos (la rebelión Zanj, que estalló en 869 y duraría 14 años), al-Muhtadi quiso liderar personalmente el ejército, pero los turcos lo acusaron de intentar deshacerse de ellos. Fue depuesto, encarcelado y luego asesinado en junio de 870.

Su muerte fue llorada por muchos como la de un "mártir de la piedad". Los cronistas lo compararon con el segundo califa ortodoxo, Umar ibn al-Jattab, por su rectitud. Su breve reinado fue un último destello de autoridad moral en medio de la corrupción militar. [fuente: al-Tabari]
Al-Mu'tamid
870-892. Resurgimiento relativo
Ahmad al-Mu'tamid fue el decimoquinto califa abasí, pero su reinado de 22 años fue dominado por su enérgico hermano, al-Muwaffaq, quien ejerció como regente y verdadero poder tras la sombra del califa.

Al-Muwaffaq era un militar y político astuto que logró restaurar temporalmente la autoridad abasí en Irak y el oeste de Irán. Sofocó la enorme rebelión de los Zanj (esclavos negros) en el sur de Irak, que había durado 14 años y amenazaba Bagdad, derrotando a su líder 'Ali ibn Muhammad en 883. También contuvo a los safaríes en el este (Persia) y a los tuluníes en Egipto, aunque sin someterlos del todo.

Al-Mu'tamid, mientras tanto, vivía en un lujo simbólico pero sin poder real, dedicado a la poesía y la música. En 891, al-Muwaffaq murió, y su hijo al-Mu'tadid asumió el control, acelerando el proceso.

Al-Mu'tamid murió al año siguiente, en 892, probablemente envenenado por órdenes de su sobrino. Su reinado demostró que, con líderes capaces (aunque no califas), el estado abasí podía recuperar cierto control, pero la institución califal ya había quedado relegada a un rol puramente ceremonial. [fuente: al-Tabari]
Al-Mu'tadid
892-902. Energía restauradora
Al-Mu'tadid, hijo de al-Muwaffaq, fue uno de los últimos califas que gobernó con mano de hierro y restauró parcialmente el poder territorial del califato. Ascendió al trono tras deponer simbólicamente a su tío al-Mu'tamid.

Era valiente, astuto y despiadado: se decía que inspeccionaba personalmente las mazmorras y ejecutaba a rebeldes con sus propias manos. Durante su década de gobierno, logró recuperar el control de provincias que se habían independizado: sometió al Egipto tuluní (anexionándolo de nuevo en 904, aunque la anexión se consolidó tras su muerte), reincorporó partes de Siria, Jazira y el oeste de Irán, y combatió a los cármatas (secta ismailí radical) en Bahráin.

Además, trasladó la capital de vuelta a Bagdad en 892, abandonando definitivamente Samarra, que había sido símbolo del dominio turco. Fortaleció el ejército con tropas negras y persas para contrapesar el poder turco, y reorganizó la administración fiscal.

Murió en 902 por una enfermedad, dejando un estado abasí más fuerte que en décadas, aunque su hijo al-Muktafi no pudo mantener todo lo ganado. Al-Mu'tadid es considerado el último gran califa guerrero del período clásico. [fuente: al-Tabari]
Al-Muktafi
902-908. Continuidad
Ali al-Muktafi, hijo de al-Mu'tadid, heredó un imperio en relativa calma y continuó las políticas de su padre durante seis años. Fue un gobernante tolerante, culto y menos cruel que su progenitor.

Su mayor logro fue derrotar definitivamente a los cármatas en Siria y el norte de Irak, que habían saqueado Damasco y amenazaban Bagdad. En 903, sus generales aplastaron a los cármatas cerca de Hama y ejecutaron a su líder. También mantuvo el control sobre Egipto tras la caída de los tuluníes.

Fue un gran mecenas de poetas y juristas, y embelleció Bagdad. Sin embargo, su salud era frágil (padecía una enfermedad cutánea grave), y murió en 908 a los 31 años, sin dejar heredero adulto. Antes de morir designó a su hermano al-Muqtadir, de apenas 13 años, como su sucesor, lo que resultó catastrófico.

La muerte de al-Muktafi marca el fin del breve resurgimiento abasí de finales del siglo IX. A partir de entonces, el califato entró en una larga fase de debilidad bajo califas niños o ineptos, dominados por cortesanos y generales. [fuente: al-Tabari]
Al-Muqtadir
908-932. Largo reinado, poder declinante
Accedió al trono con 13 años, y su reinado de 24 años fue el más largo de cualquier califa abasí, pero también uno de los más desastrosos. Gobernó bajo la influencia de su poderosa madre (Shaghab) y de una serie de visires y cortesanos corruptos que se turnaban para saquear el tesoro.

Las luchas de facciones en la corte (entre el visir Ibn al-Furat y su rival Ali ibn Isa, por ejemplo) llevaron a continuas purgas y ejecuciones. Durante su reinado, el califato perdió definitivamente Egipto y Siria a manos de los fatimíes (chiíes ismailíes que fundaron El Cairo en 969) y de los ijshidíes.

En el este, los cármatas siguieron causando estragos e incluso saquearon La Meca en 930, llevándose la Piedra Negra. Los bizantinos, bajo el emperador Romano I Lecapeno, derrotaron a los ejércitos abasíes y avanzaron en la frontera.

Al-Muqtadir, pese a todo, se negó a abdicar y luchó por mantener su posición. Murió en 932 luchando en las puertas de Bagdad contra un general rebelde, Mu'nis al-Jadim, que lo había sitiado. Su muerte violenta simboliza la bancarrota del poder califal.

Los cronistas como Miskawayh cuentan que fue el califa más ridiculizado: derrochó fortunas en concubinas y eunucos mientras el imperio se desmoronaba. [fuente: al-Tabari, Miskawayh]
Al-Qahir
932-934. Breve y cruel
Muhammad al-Qahir, hermano de al-Muqtadir, fue impuesto por el general Mu'nis tras la muerte de aquel. Pero al-Qahir resultó ser un gobernante cruel, paranoico y vengativo.

Nada más ascender, encarceló y torturó a los antiguos cortesanos de su hermano, ejecutando a muchos por pura desconfianza. Su tiranía fue tal que incluso sus propios partidarios comenzaron a conspirar contra él.

En 934, el ejército y los notables de Bagdad se rebelaron, lo depusieron y lo cegaron (práctica común para inhabilitar a un candidato al trono). Sobrevivió a la ceguera y vivió mendigando por las calles de Bagdad décadas después, un final patético que los cronistas disfrutaron narrando.

Su breve reinado de dos años no tuvo ningún logro militar o administrativo positivo, solo terror y muerte. Los turcos y los oficiales persas se hartaron de él rápidamente, y su caída abrió la puerta a un nuevo títere. [fuente: Miskawayh]
Al-Radi
934-940. Último califa con poder real
Muhammad al-Radi es un personaje trágico: fue el último califa que ejerció funciones de gobierno efectivas, aunque muy mermadas. Ascendió con 25 años en medio de una crisis total.

Para hacer frente a las rebeliones (incluyendo la de los zanj, que resurgió, y la de los baridíes en el sur de Irak), se vio obligado a crear un nuevo cargo: el amir al-umara (emir de emires), un comandante en jefe con poderes militares y civiles prácticamente absolutos. El primer titular fue Ibn Ra'iq (936), quien gobernó de facto, reduciendo al califa a una figura decorativa. Al-Radi se lamentó amargamente en sus poemas por esta pérdida.

Pese a todo, al-Radi intentó gobernar con justicia, redujo impuestos abusivos y fue un gran mecenas de poetas (como al-Mutanabbi, aunque este lo satirizó). Murió de hidropesía en 940, a los 31 años. Con él terminó la etapa de los califas con autoridad ejecutiva.

Los historiadores suelen decir que el Califato Abasí como poder político murió con al-Radi; los califas posteriores fueron meros títeres religiosos en manos de emires y sultanes. [fuente: Miskawayh]
Al-Muttaqi
940-944. Figura decorativa
Ibrahim al-Muttaqi fue elevado al trono tras la muerte de al-Radi, pero su reinado fue un mero reflejo de las luchas entre los emires de emires que se disputaban el control de Bagdad: primero Ibn Ra'iq, luego Bajkam (un turco), después Kurtakin y finalmente los hamdaníes de Mosul.

Al-Muttaqi intentó huir del control de estos generales y buscó refugio con los hamdaníes, pero fue capturado, depuesto y cegado en 944. Durante su califato, la fragmentación del imperio se aceleró: los buyíes (chiíes daylamitas) comenzaron su ascenso en Persia, los hamdaníes dominaban Siria y el norte de Irak, y los fatimíes consolidaban su poder en el norte de África.

Al-Muttaqi fue el primer califa que suplicó limosna a otros príncipes musulmanes para mantener su corte. No realizó ningún acto de gobierno relevante. Simboliza el punto más bajo del poder califal antes de la llegada de los buyíes. [fuente: Miskawayh]
Al-Mustakfi
944-946. Bajo dominación buyí
Abd Allah al-Mustakfi fue el último califa que reinó antes de la conquista buyí de Bagdad. En diciembre de 945, el ejército buyí (de la dinastía chií duodecimana) entró en Bagdad al mando de Ahmad ibn Buya (Mu'izz al-Dawla).

Al-Mustakfi se vio obligado a confirmar a los buyíes como gobernantes, cediéndoles todos los poderes temporales. Los buyíes, siendo chiíes, humillaron al califa suní: le quitaron sus tierras, le redujeron la guardia personal y lo obligaron a nombrar a un chií como "emir de emires".

Poco después, en enero de 946, al-Mustakfi conspiró contra los buyíes, pero fue descubierto, depuesto y cegado. Murió después de 949. Su reinado marca el inicio del período buyí (945-1055), durante el cual los califas abasíes fueron prisioneros en su propio palacio, reducidos a funciones religiosas y ceremoniales, mientras los emires chiíes gobernaban con mano de hierro. La soberanía territorial del califato se perdió para siempre. [fuente: Miskawayh]
Al-Muti
946-974. Sumisión a los buyíes
Al-Muti fue elevado por los buyíes tras la deposición de al-Mustakfi. Gobernó durante 28 años, pero fue un califa fantasma, sin poder efectivo. Su principal preocupación fue sobrevivir y preservar la ficción de la sucesión.

Aceptó todas las imposiciones buyíes: los sermones del viernes (jutba) se pronunciaban primero en nombre del emir buyí y luego en el del califa; los califas no podían nombrar jueces ni oficiales sin permiso buyí; sus ingresos se limitaban a una pequeña asignación.

Al-Muti, no obstante, demostró habilidad para mantener el respeto religioso: emitió fatwas en contra de los fatimíes (declarándolos herejes) y reforzó la identidad suní. En 974, los buyíes lo deponene por negarse a apoyar una política de sucesión, y fue cegado. Murió poco después.

Su largo califato consolidó la separación definitiva entre el poder político (en manos de los emires) y la autoridad religiosa (en manos del califa), un modelo que luego imitarían los selyúcidas y otomanos. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Ta'i
974-991. Títere de los buyíes
Abd al-Karim al-Ta'i, bisnieto de al-Muqtadir, fue nombrado califa por los buyíes con 20 años. Su reinado de 17 años transcurrió en la más absoluta irrelevancia política, pero fue un período de relativa estabilidad en Bagdad.

Los buyíes estaban divididos en facciones (los de Bagdad, los de Rayy y los de Shiraz), y al-Ta'i supo mantenerse al margen. En 991, el emir buyí Baha' al-Dawla lo depuso porque se negó a pagar una suma de dinero que se le exigía. Fue cegado y recluido hasta su muerte en 1003.

Durante su califato, los fatimíes consolidaron su poder en Egipto y Siria, y el Imperio Bizantino, bajo Basilio II, recuperó territorio en el norte de Siria, debilitando aún más el prestigio abasí. Al-Ta'i es un ejemplo perfecto del califa "ornamental" que preside la desintegración del mundo islámico en múltiples sultanatos rivales. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Qadir
991-1031. Afirmación suní
Ahmad al-Qadir fue un califa atípico en la época buyí: logró cierta autonomía en el ámbito religioso e impulsó una vigorosa afirmación de la ortodoxia suní. Ascendió al trono por voluntad de Baha' al-Dawla, pero pronto supo ganar respeto como líder espiritual.

Entre 1018 y 1029 emitió una serie de documentos (al-Qadiriyya) en los que condenaba explícitamente las doctrinas chiíes (especialmente el ismailismo fatimí y la creencia en la ocultación del imán) y también el mutazilismo, imponiendo una confesión suní califal (la mujtasar). Logró que los jueces y ulemas de Bagdad lo firmaran.

También se enfrentó a los fatimíes en la propaganda, enviando cartas a los príncipes musulmanes instándolos a reconocer a Bagdad como única autoridad califal legítima. Aunque no recuperó poder político, su ejemplo fue seguido por califas posteriores. Murió en 1031, a los 89 años, tras un largo califato de 40 años. Al-Qadir demostró que, incluso bajo tutela, el califato podía ser una fuerza religiosa influyente. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Qa'im
1031-1075. Cambio de amos: selyúcidas
Abd Allah al-Qa'im, nieto de al-Qadir, fue califa durante un período de enorme transformación. Su reinado comenzó bajo el control buyí, pero en 1055 los turcos selyúcidas (suníes y belicosos) liderados por Tughril Bey entraron en Bagdad, derrotaron a los buyíes y se convirtieron en los nuevos amos.

Para al-Qa'im fue un alivio: los selyúcidas eran suníes ortodoxos y respetaban la institución califal. Tughril Bey recibió el título de "Sultán" (literalmente, "el que tiene poder") del califa, legitimando así su dominio sobre los territorios islámicos. A cambio, el califa recuperó cierta libertad de movimiento en Bagdad y una asignación económica mayor.

Al-Qa'im se casó con una hija de Tughril Bey para sellar la alianza. Aunque siguió sin poder militar, su prestigio aumentó como cabeza del sunismo frente a los fatimíes chiíes. Murió en 1075, ya en el reinado del sultán Malik Shah I. Su califato marca el inicio del período selyúcida, que duraría hasta 1194 en Bagdad. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Muqtadi
1075-1094. Relaciones con Malik Shah
Muhammad al-Muqtadi, hijo de al-Qa'im, accedió en pleno apogeo del Imperio Selyúcida bajo Malik Shah I. Su reinado fue pacífico en Irak, pero el califa seguía siendo una figura simbólica subordinada al sultán. Se casó con una hija de Malik Shah, lo que reforzó la legitimidad selyúcida.

Al-Muqtadi fue descrito como un califa piadoso, culto y generoso, que restauró mezquitas y construyó madrasas. Sin embargo, en 1092, tras la muerte de Malik Shah, el imperio selyúcida entró en guerras civiles, y Bagdad se vio envuelta en las luchas entre los sultanes rivales.

Al-Muqtadi murió en 1094, antes de que llegara la noticia de la Primera Cruzada (1096-1099), que sacudiría el mundo islámico. Su reinado fue el canto del cisne de la estabilidad selyúcida en Bagdad. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Mustazhir
1094-1118. Cruzadas
Ahmad al-Mustazhir accedió muy joven (16 años) en un contexto de guerra civil selyúcida y de la Primera Cruzada. Durante su reinado, los cruzados conquistaron Jerusalén (1099) y establecieron los Estados Latinos.

Aunque el califa de Bagdad era la autoridad religiosa suprema del sunismo, su poder efectivo era nulo, y fueron los sultanes selyúcidas (como Ridwan de Aleppo, Duqaq de Damasco) y los atabegs (como Zengi) quienes lideraron la resistencia militar, muy fragmentada y poco eficaz. Al-Mustazhir se limitó a emitir exhortaciones a la yihad y a enviar algunas limosnas a los refugiados.

Fue un califa erudito, que dominaba la jurisprudencia y la poesía. Murió en 1118, en un Irak relativamente tranquilo, mientras el norte de Siria se desangraba frente a los cruzados. Su figura representa la impotencia del califato ante la crisis de las Cruzadas. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Mustarshid
1118-1135. Intento de independencia
Al-Mustarshid fue uno de los califas más aguerridos y ambiciosos del período selyúcida. Nada más ascender, trató de liberarse del control del sultán selyúcida Mahmud II (hijo de Malik Shah). Reunió un ejército y se enfrentó a los selyúcidas en campo abierto, pero fue derrotado en 1120 y encarcelado brevemente. Logró escapar y continuó conspirando.

En 1135, mientras el sultán Mas'ud (hijo de Mahmud) sitiaba Bagdad, al-Mustarshid salió a negociar, pero fue capturado y asesinado (estrangulado) en el campamento selyúcida. Los cronistas lo describen como valiente pero imprudente.

Su muerte mostró que ningún califa del siglo XII podía enfrentarse militarmente a los selyúcidas y sobrevivir. Sin embargo, su ejemplo inspiró a califas posteriores a buscar alianzas con otros poderes. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Muqtafi
1136-1160. Más autonomía
Al-Muqtafi, sobrino de al-Mustarshid, accedió cuando el poder selyúcida se estaba desintegrando en Irak por las luchas internas. Supo aprovechar la situación: se alió con los atabegs de Mosul (los zanguíes) y con otros príncipes locales para liberarse del control directo de Bagdad.

Logró expulsar a los gobernadores selyúcidas de la ciudad y gobernar directamente sobre Irak central, recuperando el poder ejecutivo efectivo que ningún califa había tenido en más de un siglo. También mantuvo con éxito el asedio de los cruzados y apoyó a Zengi y a su hijo Nur al-Din en su lucha contra los francos.

Al-Muqtafi murió en 1160, dejando un califato con un pequeño pero real territorio en Irak, con un ejército propio y una administración funcional. Es considerado el restaurador del poder califal en el siglo XII. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Mustanjid
1160-1170. Continuidad
Yusuf al-Mustanjid, hijo de al-Muqtafi, continuó las políticas de su padre, manteniendo la independencia del califato en Irak. Fue un gobernante culto y justo, que se rodeó de juristas y poetas.

Durante su reinado, el sultán selyúcida de Hamadán intentó recuperar Bagdad, pero fue derrotado. Al-Mustanjid también enfrentó una revuelta de los curdos en el sur de Irak y la sofocó. Murió en 1170, dejando un estado califal pequeño pero sólido.

Su reinado de diez años fue tranquilo comparado con el caos anterior. Sentó las bases para que su hijo al-Mustadi pudiera recibir el homenaje de Saladino. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Mustadi
1170-1180. Época de Saladino
Hasan al-Mustadi fue califa durante el momento crucial en que Saladino (Yusuf ibn Ayyub) abolió el califato fatimí en Egipto (1171) y restauró la soberanía abasí en ese país, después de dos siglos de dominio chií.

Saladino, que era leal a Bagdad, mencionaba al califa en la jutba y acuñaba monedas con el nombre de al-Mustadi. Esto supuso un enorme prestigio para el califato abasí, que volvía a ser reconocido desde el Atlántico hasta el Indo. Sin embargo, el poder real seguía en manos de Saladino y de los sultanes zanguíes.

Al-Mustadi murió en 1180, antes de que Saladino reconquistara Jerusalén (1187). Su reinado fue un respiro de gloria simbólica. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Nasir
1180-1225. Último gran califa
Al-Nasir li-Din Allah (el "Auxiliador de la religión de Dios") fue el último califa abasí que ejerció un poder político significativo y que intentó restaurar la autoridad universal del califato. Reinó 45 años, un período asombrosamente largo.

Su estrategia fue diplomática y militar: se alió con los corasmios (dinastía turca del este) para contrarrestar a los selyúcidas y a los ayubíes. También reorganizó las cofradías urbanas (futuwwa) en una especie de orden paramilitar leal al califa, extendiendo su influencia en Irak, Siria y Persia oriental. Llegó a tener su propio ejército permanente y a recaudar impuestos directamente en amplias zonas.

Se enfrentó a los sultanes de su tiempo (como los ayubíes y los selyúcidas de Rum) y logró que muchos de ellos reconocieran su soberanía nominal. Fue un gran mecenas de la literatura y la ciencia. Murió en 1225, dejando un califato más fuerte que en siglos, pero con la amenaza mongola ya gestándose al este. Su reinado es el último destello de grandeza abasí. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Zahir
1225-1226. Reinado breve
Muhammad al-Zahir, hijo de al-Nasir, apenas gobernó nueve meses. Fue un califa culto y piadoso, pero murió de una enfermedad repentina (quizá tifus) en julio de 1226. Su cortísimo reinado no dio tiempo a cambios políticos.

Es recordado sobre todo por ser el padre del califa al-Mustansir, fundador de la célebre madrasa. Su muerte abrió la puerta a su hijo, de apenas 14 años, que sería el penúltimo califa de Bagdad. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Mustansir
1226-1242. Fundador de la Mustansiriyya
Abd Allah al-Mustansir, nieto de al-Nasir, es recordado sobre todo por haber fundado en 1227 (o 1233) la Madrasa al-Mustansiriyya en Bagdad, una de las primeras universidades del mundo islámico, que enseñaba las cuatro escuelas jurídicas suníes, así como ciencias coránicas, hadiz, medicina y matemáticas. El edificio, monumental, aún se conserva parcialmente en Bagdad.

Su reinado fue relativamente pacífico, aunque el peligro mongol, liderado por Gengis Khan primero y luego por su nieto Hulagu, crecía imparable en el este. Al-Mustansir intentó fortalecer las defensas de Bagdad y envió embajadas a los mongoles para tratar de evitarlos.

Murió en 1242, 16 años antes de la caída de Bagdad. Si hubiera vivido más tiempo, quizá habría preparado mejor la ciudad, pero su hijo al-Musta'sim resultó ser un gobernante incompetente. [fuente: Ibn al-Athir]
Al-Musta'sim
1242-1258. Último califa de Bagdad
Abd Allah al-Musta'sim fue el último califa abasí de Bagdad, y su reinado de 16 años fue una tragedia anunciada. Era un hombre piadoso, generoso, pero indeciso, poco preparado para el arte de la guerra y mal aconsejado por sus visires y cortesanos (que le ocultaban la gravedad de la amenaza mongola).

Cuando Hulagu Khan, nieto de Gengis Khan, avanzó con un enorme ejército hacia Bagdad en 1257, al-Musta'sim rechazó las ofertas de rendición, fiando en las promesas de ayuda de otros príncipes musulmanes que nunca llegaron. En enero de 1258, los mongoles sitiaron Bagdad.

El 10 de febrero la ciudad cayó, y comenzó una de las masacres más famosas de la historia: se dice que entre 200.000 y 800.000 civiles murieron, los canales de Bagdad corrieron sangre, y los mongoles destruyeron bibliotecas, mezquitas y palacios (incluyendo la Casa de la Sabiduría, cuyos libros se arrojaron al río hasta teñir el agua de tinta).

Al-Musta'sim fue capturado y, según la tradición, enrollado en una alfombra y pisoteado por caballos (los mongoles evitaban derramar sangre real). Con su muerte en febrero de 1258, el Califato Abasí de Bagdad llegó a su fin. [fuente: Ibn al-Athir, Rashid al-Din]

Califas abasíes de El Cairo (1261-1517)

Al-Mustansir II
1261. Restauración en El Cairo
Tras la caída de Bagdad en 1258, la institución califal parecía extinguida. Sin embargo, en 1261, el sultán mameluco Baibars (el victorioso contra los mongoles en Ain Yalut) reinstauró la línea abasí en El Cairo, nombrando califa a Abu al-Qasim Ahmad, un tío de al-Musta'sim que había logrado escapar de la masacre. Este nuevo califa tomó el nombre de al-Mustansir II.

Su califato fue breve pero simbólicamente importante: Baibars esperaba que el califa legitimara su gobierno como "sultán" dentro del orden islámico tradicional. Al-Mustansir II murió apenas unos meses después, en 1261, mientras lideraba una campaña militar contra los mongoles en Irak, quizá con la esperanza de recuperar Bagdad. Fue asesinado en una emboscada.

A pesar de su corta duración, su nombramiento demostró la tenacidad de la idea califal y el poder de los mamelucos para resucitarla a su conveniencia. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Hakim I
1262-1302. Consolidación
Ahmad al-Hakim I fue el segundo califa abasí en El Cairo, nombrado por Baibars tras la muerte de al-Mustansir II. Era primo del anterior y también descendiente de los abasíes. Su califato duró 40 años (1262-1302), lo que permitió consolidar la institución en su nuevo entorno egipcio.

Gobernó nominalmente bajo los sultanes mamelucos, primero Baibars (1260-1277) y luego sus sucesores Qalawun y al-Ashraf Khalil. Su función era puramente ceremonial: legitimar las decisiones de los sultanes, presidir las investiduras, emitir diplomas de nombramiento y encabezar las delegaciones religiosas. No tenía ejército, ni tesoro ni poder jurisdiccional.

Al-Hakim fue un califa piadoso y erudito, que se dedicó a la enseñanza en las madrasas de El Cairo. Murió en 1302, dejando una línea califal que se mantendría hasta la conquista otomana. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mustakfi II
1302-1340. Largo período
Sulayman al-Mustakfi II, sobrino de al-Hakim I, fue califa durante casi cuatro décadas, coincidiendo con el apogeo del sultanato mameluco bajo los baharíes (los sultanes al-Nasir Muhammad, por ejemplo, reinó durante largos períodos entre 1293 y 1341).

Al-Mustakfi fue un califa dócil, que aceptó sin protestar la supremacía absoluta del sultán. Se le permitió cierto lujo en la corte califal, pero no poder real. Participó en las grandes ceremonias religiosas y en las recepciones de embajadores. A veces, los sultanes lo utilizaban para dar legitimidad a sus golpes de estado o a sus nombramientos.

Murió en 1340, siendo sucedido por su hijo. Durante su califato, el califa de El Cairo era ya una figura familiar para los musulmanes de Egipto y Siria, aunque su autoridad espiritual era limitada frente al poder del sultán. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Wathiq II
1340-1341. Breve
Ibrahim al-Wathiq II fue califa apenas un año, entre 1340 y 1341. Hijo de al-Mustakfi II, heredó el título a la muerte de su padre, pero murió joven, quizá de enfermedad, en 1341. Su brevedad impide cualquier juicio histórico.

Al igual que todos los califas de El Cairo, fue un mero títere sin poder real. Su muerte temprana permitió que el califato pasara a su tío al-Mu'tasim II. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mu'tasim II
1341-1352. Bajo los mamelucos
Al-Mu'tasim II, tío de al-Wathiq II, reinó durante 11 años (1341-1352) bajo el tumultuoso período final de los sultanes baharíes, cuando los asesinatos y las usurpaciones eran frecuentes. El califa solo servía para ratificar los cambios de sultán y para prestar juramento de lealtad.

No realizó ninguna acción política o militar relevante. Los cronistas apenas lo mencionan, salvo para registrar su muerte en 1352. Su califato es un ejemplo de la irrelevancia política de la institución en este período. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mutawakkil I
1352-1362 / 1362-1377. Reinado accidentado
Muhammad al-Mutawakkil I es un caso curioso: fue califa en dos períodos separados debido a los vaivenes políticos de los sultanes mamelucos. Fue nombrado por primera vez en 1352, pero en 1362 fue depuesto por el sultán al-Ashraf Sha'ban, quien nombró a otro califa (al-Wathiq III, que reinó brevemente).

Tras la muerte de al-Wathiq III en 1366, al-Mutawakkil fue restaurado y gobernó hasta 1377. Durante su segundo mandato, la situación política en Egipto se estabilizó un poco bajo el sultán al-Ashraf Sha'ban (1363-1377). Al-Mutawakkil disfrutó de cierta consideración y riqueza personal, pero siguió sin poder efectivo.

Murió en 1377, dejando una descendencia que continuaría el título califal. Su califato accidentado refleja perfectamente la dependencia total de los califas de El Cairo de los caprichos de los sultanes mamelucos. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Musta'in (El Cairo)
1406-1414. Único que fue también sultán
Abu al-Fadl al-Musta'in fue un califa excepcional, ya que en 1412 fue nombrado sultán mameluco además de califa, siendo la única vez que un califa abasí ejerció poder temporal en Egipto. Ascendió tras el asesinato del sultán Faraj, en medio de una crisis dinástica.

Los emires mamelucos, sin ponerse de acuerdo sobre quién debía gobernar, optaron por un experimento: elevar al califa como gobernante interino. Al-Musta'in gobernó durante seis meses (mayo-noviembre de 1412), pero fue un fracaso: los emires lo manipularon y al final fue depuesto por el emir Shaykh al-Mahmudi, quien se proclamó sultán.

Al-Musta'in fue cegado y murió en prisión en 1430. Aunque su experiencia fue breve, demostró que un califa ya no podía gobernar en el mundo islámico del siglo XV, donde el poder militar era lo único que contaba. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Muhtadi II
1414-1441. Estabilidad
Dawud al-Muhtadi II fue califa durante 27 años (1414-1441), un período de relativa estabilidad en Egipto bajo los sultanes buryíes (circasianos) como Mu'ayyad Shaykh y Barsbay. Su califato fue tranquilo y sin sobresaltos: se dedicó a las funciones religiosas, a la enseñanza y a la vida cortesana.

Fue respetado como figura espiritual, pero sin poder político. Su largo reinado (para un califa de El Cairo) muestra que, una vez que los mamelucos consolidaron su poder, la figura califal era inocua y conveniente para mantener la ficción de la continuidad islámica.

Murió en 1441, siendo sucedido por su hijo al-Qa'im II. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Qa'im II
1441-1451. Cambios de sultanes
Al-Qa'im II gobernó como califa entre 1441 y 1451, un decenio en el que se sucedieron varios sultanes mamelucos (Ja`maq, `Uthman, al-Ashraf Inal). Como todos sus predecesores, fue una figura decorativa.

Se le permitió residir en un palacio en El Cairo y recibir una asignación económica. Participó en la ceremonia de la "jutba" y en la recepción de embajadores. No hay ningún evento destacable asociado a su nombre.

Murió en 1451. Su califato es representativo de la irrelevancia general de la institución en el siglo XV. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mustanjid II
1451-1455. Breve
Al-Mustanjid II, hijo de al-Qa'im II, fue califa solo cuatro años (1451-1455). Su corto reinado no tuvo relevancia histórica. Continuó la función ceremonial bajo el sultán al-Ashraf Inal y luego bajo su sucesor. Murió joven en 1455. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mutawakkil II
1455-1479. Largo reinado
Muhammad al-Mutawakkil II fue califa durante casi 25 años (1455-1479), coincidiendo con el reinado del sultán mameluco Qaitbay (1468-1496), uno de los más largos y estables de la época buryí.

Al-Mutawakkil gozó de cierto prestigio personal como erudito y hombre piadoso, y Qaitbay le mostró respeto, restaurando el palacio califal y aumentando su asignación. Sin embargo, no tuvo ninguna influencia política.

Fue testigo del creciente poder otomano en el este y de la decadencia del comercio egipcio. Murió en 1479, dejando el califato a su hijo al-Mustamsik. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mustamsik
1479-1497. Finales del siglo XV
Al-Mustamsik, hijo de al-Mutawakkil II, fue califa entre 1479 y 1497, un período de declive del sultanato mameluco, acosado por la presión otomana y los problemas económicos. Fue un califa sumiso y sin iniciativa, dedicado a la vida de palacio.

Abdicó voluntariamente en 1497, quizá por enfermedad o por deseo de retirarse a la vida ascética, y su hijo al-Mutawakkil III ocupó el trono. Murió en 1508. Su califato no dejó huella. [fuente: al-Maqrizi]
Al-Mutawakkil III
1497-1517. Último califa
Al-Mutawakkil III fue el último califa abasí de El Cairo. Ascendió en 1497, pero su reinado fue interrumpido por la invasión otomana de Egipto. En 1516, los otomanos derrotaron a los mamelucos en la batalla de Marj Dabiq (Siria), y en 1517 el sultán otomano Selim I conquistó El Cairo.

Al-Mutawakkil III fue capturado y llevado a Estambul. Según la tradición otomana (aceptada por muchos historiadores pero discutida), al-Mutawakkil transfirió simbólicamente el título califal a Selim I, entregándole las insignias del profeta (la espada, el manto, el estandarte). Así comenzó la reivindicación otomana del califato, que duraría hasta 1924.

Al-Mutawakkil III pasó el resto de su vida en Estambul, donde murió en 1543. Con él se extinguió la línea abasí de califas. [fuente: al-Maqrizi, Ibn Iyas]

Legado abasí


Casa de la Sabiduría

Bagdad, centro del saber

Ciencia y filosofía

Influjo en el mundo islámico

El Califato Abasí definió la edad de oro del islam y sentó las bases de la cultura islámica clásica, legado que perduró más allá de su caída.