El Califato Fatimí (909–1171) fue la cuarta dinastía califal del Islam y la única que combinó el poder político con la autoridad religiosa ismaelí. Descendientes de Fátima, hija del profeta Mahoma, y de su esposo Alí, los fatimíes se alzaron en Ifriqiya (actual Túnez) y, tras una rápida expansión, fundaron El Cairo, que se convirtió en el centro de un imperio que abarcaba el norte de África, Egipto, el Hiyaz y Siria.
Esta página ofrece un recorrido completo por la historia de los fatimíes, desde su revolución contra los aglabíes, pasando por su época de esplendor (siglos X–XI), su contribución a la ciencia, la filosofía y las artes, hasta su declive y la caída en manos de Saladino en 1171. Se aborda desde una perspectiva historicista, contrastando fuentes primarias (Ibn Jaldún, Al-Maqrizi, Qadi al-Nu'man) y secundarias (Hugh Kennedy, Farhad Daftary, Heinz Halm), para ofrecer una visión crítica y matizada de este fascinante periodo.
El legado de los fatimíes es múltiple. Su arquitectura (mezquitas de Al-Azhar, Al-Hakim, las puertas de El Cairo) influyó en el arte mameluco y otomano. Su universidad de Al-Azhar sigue siendo hoy el centro más importante del sunismo. Su ciencia (astronomía, medicina, alquimia) fue transmitida a Europa a través de las traducciones de Sicilia y Toledo. Su filosofía ismaelí, con su énfasis en la razón y el esoterismo, influyó en la mística sufí y en la filosofía judía medieval.
Los fatimíes también fueron pioneros en la diplomacia y el comercio internacional. Establecieron relaciones con la China Tang, la India, el Imperio Bizantino y las repúblicas italianas. Su moneda, el dinar fatimí, era de oro puro y se aceptaba en todo el Mediterráneo. Según Farhad Daftary, "los fatimíes crearon un imperio que era a la vez un estado, una iglesia y una civilización, y su legado pervive en la memoria de los ismaelíes y en la historia del Islam".