632 – 661 d.C. · Los califas ortodoxos

Califato Rashidun: la edad de oro de los fundamentos

El Califato Rashidun en amarillo
El Califato Rashidun en amarillo.

El Califato Rashidun (الخلافة الراشدية, ‘califato bien guiado’) constituye la primera forma de gobierno islámico tras la muerte del profeta Mahoma y abarca el periodo 632-661 d.C. Fue una era de expansión vertiginosa, de consolidación doctrinal y de organización política que sentó las bases del mundo islámico clásico. Los cuatro califas —Abu Bakr, Umar, Uthman y Ali— son conocidos como los rashidun (‘ortodoxos’ o ‘bien guiados’) por su cercanía al Profeta y por haber regido la comunidad (umma) conforme a los principios del Corán y la tradición (sunna). Durante estas tres décadas, el Estado islámico pasó de ser una confederación tribal en Arabia a convertirse en un imperio que se extendía desde la península arábiga hasta el norte de África y la meseta iraní, derrotando a las dos superpotencias de la época: el Imperio Bizantino y el Imperio Sasánida.

Contexto y surgimiento: A la muerte de Mahoma en el año 632, la comunidad musulmana enfrentó una crisis de liderazgo. Mientras los ansíes (medinenses) y los emigrantes (muhayirun) debatían la sucesión, un grupo de notables designó a Abu Bakr, suegro y compañero íntimo del Profeta, como primer califa («sucesor del Enviado de Dios»). El término jalifa implicaba continuidad de la autoridad política y religiosa, pero no profética. El primer desafío fue aplastar las rebeliones tribales y los falsos profetas en Arabia —las llamadas guerras de la ridda (apostasía)— que unificaron la península bajo el control de Medina. Una vez consolidado el centro, los ejércitos árabes, movidos por el celo religioso y la necesidad de canalizar la energía beduina, iniciaron incursiones hacia Siria e Irak.

Expansión y organización: Bajo Umar (634-644) la expansión adquirió ritmo imparable. En 636, la batalla de Yarmuk quebró el poder bizantino en Siria, mientras que Qadisiyya (637) abrió las puertas de Mesopotamia y Persia. Jerusalén capituló pacíficamente (638) y el patriarca Sofronio entregó las llaves de la ciudad a Umar, quien garantizó la seguridad de los cristianos. En Egipto, Amr ibn al-As conquistó Alejandría (642). La administración del nuevo imperio se basó en el establecimiento de guarniciones (amsar) como Basora, Kufa o Fustat, que se convirtieron en centros de cultura y poder. Los territorios conquistados conservaron inicialmente sus funcionarios y monedas, pero se impuso un tributo (yizia) a los no musulmanes a cambio de protección. Umar creó el registro militar (diwan) para organizar el pago de estipendios a los combatientes.

Califato de Uthman y la primera fitna: Uthman (644-656) pertenecía al poderoso clan omeya de los Quraish. Durante su gobierno continuó la expansión (llegada a la India y el Cáucaso), pero se le acusó de nepotismo al nombrar a familiares en puestos clave. La creciente oposición culminó con un sitio a su casa en Medina y su asesinato en 656. Este hecho sumió a la comunidad en la primera guerra civil (fitna). Ali ibn Abi Talib (656-661), primo y yerno del Profeta, asumió el califato, pero fue desafiado por Aisha (batalla del Camello) y posteriormente por Muawiya, gobernador de Siria, quien exigió justicia por la muerte de Uthman. El conflicto se estancó tras la batalla de Siffin (657) y el arbitraje de Adhruh, que dividió a los partidarios de Ali. Un grupo radical, los jariyíes, se separó de Ali y lo asesinó en 661. Su hijo Hasan alcanzó un acuerdo con Muawiya que transfirió el poder a la dinastía Omeya, cerrando así la etapa rashidun.

Legado y trascendencia: A pesar de su brevedad, el Califato Rashidun definió la identidad islámica. Los califas ortodoxos son recordados por su piedad, su sencillez (vivían como ciudadanos comunes) y su adhesión a la consulta (shura). Durante este periodo se compiló el Corán en un solo volumen bajo Uthman, se estableció la Hégira como inicio del calendario islámico y se consolidaron las primeras instituciones del Estado. Las conquistas no sólo expandieron la fe, sino que permitieron el encuentro con las culturas helenística y persa, germen de la futura civilización islámica medieval. La época rashidun sigue siendo un modelo idealizado de gobierno justo para suníes, mientras que para los chiíes representa la usurpación del legítimo derecho de Ali y su descendencia. Las tensiones de aquellos años reverberan aún hoy en el mundo islámico.

A continuación se presentan las biografías de los cuatro califas ortodoxos y una nota sobre el efímero califato de Hasan, siguiendo la tradición historiográfica y las fuentes clásicas (Ibn Ishaq, Tabari, Ibn Sa'd). Cada biografía abarca sus orígenes, logros y circunstancias de muerte.

Los cuatro califas ortodoxos (rashidun) · 632-661

Abu Bakr as-Siddiq
632-634 d.C. · Primer califa
Abdullah ibn Abi Quhafa, conocido como Abu Bakr (‘padre de la virgen’, por su hija Aisha, esposa de Mahoma), nació hacia el año 573 en La Meca. Fue un comerciante respetado y de los primeros hombres en aceptar el islam. Su apodo as-Siddiq (‘el veraz’) se debe a que creyó sin dudar en el relato del viaje nocturno (isra') del Profeta. Acompañó a Mahoma en la Hégira, ocultándose con él en la cueva de Thawr, episodio coránico que lo ensalza. A la muerte del Profeta (632), la comunidad lo eligió califa en la reunión de Saqifa, pese a la reclamación de los partidarios de Ali. Su corto califato de dos años fue crucial para la supervivencia del islam. Enfrentó las guerras de la ridda: numerosas tribus árabes rompieron su alianza, se negaron a pagar el azaque o siguieron a falsos profetas (Musaylima, Tulayha). Abu Bakr organizó once cuerpos militares y aplastó las revueltas con firmeza, unificando toda Arabia bajo la autoridad de Medina. También inició las primeras expediciones hacia Siria e Irak, anticipando la gran expansión. Destacó por su sencillez: al asumir el cargo declaró: «Obedezcanme mientras obedezca a Dios; si desobedezco, no tienen por qué obedecerme». Reunió los fragmentos del Corán dispersos en costillas y pieles, encargando a Zayd ibn Thabit la primera compilación escrita. Murió en Medina en el año 634, a los 63 años, víctima de una fiebre. Antes de morir designó sucesor a Umar para evitar disputas. Fue enterrado junto a Mahoma en la cámara de Aisha. Su califato, aunque breve, estableció el precedente del liderazgo comunitario y la defensa de la fe.
Umar ibn al-Jattab
634-644 d.C. · El gran organizador
Umar ibn al-Jattab, de la tribu de los Banu Adi, nació en La Meca hacia 584. Inicialmente hostil al islam, su conversión en el sexto año de la profecía (c. 616) fortaleció a la comunidad; se dice que los musulmanes pudieron rezar públicamente por primera vez tras su aceptación. Fue un hombre de complexión robusta, carácter fuerte y gran sentido de la justicia. Designado califa por Abu Bakr, gobernó diez años que transformaron el Estado islámico en un imperio. Organizó la administración creando el diwan (registro de combatientes y pensiones), estableció el calendario islámico (con la Hégira como punto de partida), dividió el territorio en provincias (Siria, Egipto, Mesopotamia, Persia) y nombró gobernadores supervisados. Bajo su mando se produjeron las grandes conquistas: derrota bizantina en Yarmuk (636), caída de Jerusalén (638), conquista de Ctesifonte (637) y destrucción del Imperio Sasánida. Los ejércitos islámicos llegaron a la India (Sind) y a la frontera con China. Umar entró en Jerusalén descalzo y con una túnica remendada, pactando con los cristianos la protección de sus lugares sagrados (Pacto de Umar). En el ámbito social, estableció las «casas de hacienda» (bayt al-mal) para administrar el botín y los impuestos. Prohibió a los conquistadores árabes poseer tierras en los países conquistados, prefiriendo que los nativos siguieran cultivándolas y pagaran tributo. También instituyó la policía nocturna y vigilaba personalmente los mercados. Fue un líder profundamente piadoso, que solía recorrer las calles de Medina disfrazado para conocer las necesidades de su pueblo. Murió asesinado en noviembre de 644 por un esclavo persa llamado Abu Lulu, quien le apuñaló mientras dirigía la oración del alba en la mezquita del Profeta. Antes de expirar, designó un consejo de seis notables (entre ellos Uthman y Ali) para que eligieran sucesor. Su legado administrativo y militar es inmenso; es considerado el verdadero artífice del imperio islámico.
Uthman ibn Affan
644-656 d.C. · El unificador del Corán
Uthman ibn Affan pertenecía al rico clan omeya de los Quraish. Nació hacia 576, fue un próspero comerciante y se convirtió al islam en sus primeros años, sufriendo el boicot de su propia familia. Casado dos veces con hijas del Profeta (Ruqayya y, tras enviudar, Umm Kulthum), recibió el sobrenombre de Dhu al-Nurayn (‘el de las dos luces’). A los 68 años fue elegido califa por el consejo designado por Umar. Su califato, de doce años, se divide en dos etapas: los primeros seis fueron de prosperidad y continuidad expansiva (conquista de Armenia, Chipre y el norte de África hasta Trípoli); los últimos seis se vieron empañados por acusaciones de nepotismo y descontento social. Uthman nombró gobernadores a parientes omeyas, como Muawiya en Siria o su hermanastro Walid en Kufa, lo que irritó a las elites religiosas de Medina y a los veteranos de las conquistas. Además, la creciente riqueza generó tensiones económicas. Su logro más perdurable fue la compilación oficial del Corán: ante las variantes de lectura, ordenó establecer el texto de la dialecto quraysí y destruir las versiones divergentes. Este ejemplar (el «Mushaf de Uthman») se convirtió en el texto canónico para todos los musulmanes. La oposición a su gobierno creció, especialmente en Egipto e Irak. Un grupo de descontentos egipcios marchó a Medina en 656 y sitió su casa durante semanas. Uthman, anciano de más de ochenta años, rechazó cualquier acción violenta contra los sitiadores. Finalmente, los rebeldes entraron en su domicilio y lo asesinaron mientras leía el Corán, derramando su sangre sobre las páginas. Su muerte sumió a la comunidad en la primera fitna (guerra civil). Los suníes lo recuerdan como un hombre piadoso y generoso que expandió el islam; los chiíes lo consideran un usurpador que desvió el califato de la familia del Profeta.
Ali ibn Abi Talib
656-661 d.C. · El imán de los chiíes
Ali ibn Abi Talib, primo y yerno del Profeta (casado con Fátima), nació en La Meca hacia el 600. Fue el segundo hombre (o el primero según algunas fuentes) en abrazar el islam, cuando aún era un niño criado por Mahoma. Participó en todas las batallas excepto Tabuk, y fue un guerrero legendario, conocido por su valor y su espada de doble filo, Dhul Fiqar. A la muerte de Uthman, la gente de Medina y los rebeldes lo instaron a aceptar el califato. Ali asumió en medio del caos, pero se negó a castigar inmediatamente a los asesinos de Uthman, argumentando que primero debía restaurar el orden. Esto provocó la oposición de Aisha (viuda del Profeta) y de Talha y Zubayr, quienes exigían venganza. Ali los derrotó en la «batalla del Camello» (656) cerca de Basora, la primera entre musulmanes. Luego enfrentó a Muawiya, gobernador de Siria y pariente de Uthman, quien también reclamaba justicia y acusaba a Ali de complicidad. El enfrentamiento se produjo en Siffin (657). Cuando la victoria se inclinaba hacia Ali, los sirios izaron hojas del Corán en sus lanzas pidiendo arbitraje. Ali aceptó a regañadientes, lo que dividió a sus partidarios: un grupo, los jariyíes, se separó al considerar que el arbitraje era un pecado. El arbitraje de Adhruh fue ambiguo y no resolvió nada; Muawiya consolidó su poder en Siria. Ali pasó los últimos años de su califato combatiendo a los jariyíes (batalla de Nahrawan, 658) y tratando de mantener la lealtad de Irak y Egipto. Fue asesinado por un jariyí, Abd al-Rahman ibn Mulyam, mientras rezaba en la mezquita de Kufa el 28 de enero de 661. Murió dos días después. Para los suníes, Ali es el cuarto de los califas ortodoxos, un sabio y valiente compañero; para los chiíes es el primer imán legítimo, designado por Mahoma en Gadir Jumm, y su martirio simboliza la injusticia sufrida por la familia del Profeta. Su tumba en Nayaf (Irak) es uno de los lugares más sagrados del chiismo.