El Imperio Almorávide (en árabe: المرابطون, al-Murābiṭūn, «los morabitos» o «los del ribat») fue un imperio bereber surgido de las tribus nómadas del Sáhara occidental. Su origen se remonta a la predicación del teólogo Abd Allah ibn Yasin entre las tribus Lamtuna, Guddala y Massufa hacia 1040. Lo que comenzó como un movimiento de reforma religiosa malikí pronto se transformó en una formidable potencia militar que unificaría el Magreb y salvaría Al-Andalus de la desintegración.
Orígenes y expansión: Tras la muerte de Ibn Yasin (1059), el liderazgo militar recayó en Abu Bakr ibn Umar, quien conquistó el sur de Marruecos y fundó Marrakech (1070). Pero fue su primo, Yusuf ibn Tasufín, quien forjó el imperio: tras asumir el mando efectivo, completó la conquista del Magreb central y, en 1086, cruzó el Estrecho respondiendo a la llamada de auxilio de los reyes de taifas ante el avance de Alfonso VI de Castilla.
Al-Andalus bajo los almorávides: La victoria en la Batalla de Zalaca (Sagrajas, 1086) frenó la Reconquista. Entre 1090 y 1110, Yusuf y su hijo Alí anexionaron progresivamente todos los reinos de taifas (Sevilla, Granada, Almería, Badajoz, Valencia, Zaragoza), unificando Al-Andalus por primera vez desde el califato de Córdoba. Bajo su dominio, la ortodoxia malikí se impuso, pero también se vivió un florecimiento cultural y una relativa estabilidad. Sin embargo, el rigorismo religioso, la presión fiscal y la creciente amenaza de los almohades condujeron al rápido colapso del imperio tras la muerte de Alí ibn Yusuf en 1143.
Organización imperial: El poder residía en el emir al-muslimin (príncipe de los musulmanes), que reconocía la soberanía espiritual del califa abasí de Bagdad. El imperio se dividía en provincias gobernadas por valíes o gobernadores, a menudo miembros de la familia reinante. La dinastía gobernante pertenecía a la tribu Lamtuna, de la confederación Sanhaya, y se caracterizaba por el uso del litham (velo) que cubría el rostro, símbolo distintivo de los almorávides.
El Imperio Almorávide unificó el occidente islámico bajo la estricta doctrina malikí y salvó Al-Andalus de la conquista cristiana durante una generación. Su legado arquitectónico, numismático y cultural pervivió a pesar de su rápida caída ante los almohades.