Desde las culturas diaguitas, mapuches y aimaras hasta la república del siglo XXI. Chile ha sido escenario de guerras de independencia, caudillismos, auge salitrero, reformismo, un gobierno socialista, una sangrienta dictadura cívico-militar, el retorno a la democracia y un reciente proceso constituyente. A continuación, una crónica extensa y las biografías de los presidentes que forjaron el destino chileno.
Antes de la llegada de los europeos, el actual territorio chileno albergaba una compleja red de pueblos originarios con distintos grados de desarrollo social, económico y cultural. En el extremo norte, los aimaras y atacameños (lickan antay) desarrollaron sofisticadas técnicas agrícolas en terrazas y sistemas de riego por canales, cultivaban maíz, quinoa y papa, y comerciaban con el Imperio Inca tras la anexión del Collasuyo. En el Valle Central, los diaguitas destacaban por su cerámica tricolor y su orfebrería en cobre. En la zona centro-sur, los picunches y mapuches (araucanos) eran seminómadas, dominaban la alfarería y practicaban una agricultura de roza. Al sur del Bío Bío, el pueblo mapuche ofreció la resistencia más prolongada y exitosa del continente contra el imperio español, gracias a su organización en clanes (lof) y al uso del caballo y la lanza.
En la Patagonia y el archipiélago austral, los kawésqar (algacalufes), yaganes (yamana) y selk'nam (onas) eran nómadas canoeros o terrestres que sobrevivían en condiciones extremas. A diferencia de los mapuches, estas culturas fueron diezmadas por la colonización y las epidemias.
La conquista europea comenzó con la expedición de Diego de Almagro en 1536, quien cruzó la cordillera de los Andes desde el Perú y recorrió el valle de Copiapó hasta el río Aconcagua, pero regresó decepcionado por la falta de oro. La conquista efectiva la realizó Pedro de Valdivia, quien fundó Santiago del Nuevo Extremo el 12 de febrero de 1541. Valdivia continuó la expansión hacia el sur fundando La Serena (1544), Concepción (1550), Valdivia (1552) y Villarrica (1552). Sin embargo, la resistencia mapuche, liderada por Lautaro y Caupolicán, aniquiló a Valdivia en la batalla de Tucapel (1553) y destruyó varias ciudades. La guerra de Arauco se prolongó por más de tres siglos, con episodios como el Desastre de Curalaba (1598), donde los mapuches mataron al gobernador Martín García Óñez de Loyola y arrasaron todas las ciudades al sur del Bío Bío.
La colonia consolidó el Reino de Chile como capitanía general dependiente del Virreinato del Perú. La economía se basó en la minería (oro de Marga Marga, luego cobre), la agricultura en la hacienda (trigo, ganado) y el comercio con Lima. La sociedad era jerárquica: españoles peninsulares en la cima, criollos (descendientes de españoles nacidos en Chile), mestizos, indígenas y esclavos africanos. El sistema de encomienda sometió a los mapuches pacificados, pero nunca pudieron dominar completamente la zona al sur del Bío Bío, que se mantuvo como "La Frontera", una zona de guerra viva.
El 18 de septiembre de 1810, ante la noticia de la invasión napoleónica a España y la formación de juntas en el Río de la Plata, los criollos chilenos destituyeron al gobernador español y establecieron la Primera Junta Nacional de Gobierno, presidida por Mateo de Toro y Zambrano. Este hecho dio inicio al proceso independentista, conocido como Patria Vieja (1810-1814). El gobierno fue liderado sucesivamente por José Miguel Carrera y Bernardo O'Higgins, quienes impulsaron reformas como la libertad de vientres, la creación del Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, y la convocatoria a un Congreso.
Sin embargo, la reacción realista desde el Perú llevó al envío de un poderoso ejército al mando del brigadier Mariano Osorio. Tras la derrota patriota en la batalla de Rancagua (1 y 2 de octubre de 1814), O'Higgins y Carrera se exiliaron en Mendoza, dando inicio al período de la Reconquista (1814-1817), donde los españoles restauraron el régimen colonial con mano dura. Desde Mendoza, O'Higgins se unió al Ejército de los Andes organizado por el general argentino José de San Martín. La expedición libertadora cruzó la cordillera en enero de 1817 y derrotó a los realistas en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817), permitiendo la entrada triunfal a Santiago.
El 12 de febrero de 1818 se firmó el Acta de Independencia de Chile en Concepción. La independencia se consolidó con la victoria definitiva en la batalla de Maipú (5 de abril de 1818), donde O'Higgins y San Martín derrotaron al último gran ejército realista. Bernardo O'Higgins asumió como Director Supremo (1818-1823), iniciando la Patria Nueva, con reformas como la abolición de los títulos de nobleza, la creación de la bandera y el escudo nacional, y la campaña a Perú para sellar la independencia continental.
La renuncia de O'Higgins en 1823 sumió al país en un período de inestabilidad denominado Anarquía (1823-1830), donde se enfrentaron distintas facciones: los pipiolos (liberales) que promovían el federalismo y la descentralización, y los pelucones (conservadores) que defendían un gobierno central fuerte. Durante este tiempo se dictaron las constituciones de 1823, 1826 y 1828, ninguna con arraigo real. El caos culminó en la batalla de Lircay (17 de abril de 1830), donde el ejército conservador al mando del general Joaquín Prieto derrotó a los liberales, dando inicio a la denominada República Conservadora (1830-1861).
El triunfo conservador impuso la Constitución de 1833, redactada por Mariano Egaña, que estableció un gobierno presidencialista con fuertes atribuciones al ejecutivo, un congreso bicameral limitado, sistema electoral censitario y la religión católica como oficial. Esta constitución rigió por 92 años, siendo una de las más longevas de América Latina. Bajo el liderazgo del ministro Diego Portales (considerado el organizador de la república), se consolidó un estado autoritario pero eficaz, que impuso el orden interno, reprimió a los caudillos y sentó las bases del desarrollo institucional.
Los presidentes Joaquín Prieto (1831-1841), Manuel Bulnes (1841-1851) y Manuel Montt (1851-1861) dieron continuidad al proyecto portaliano. Durante este período se llevó a cabo la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), que desmembró dicha confederación y consolidó la hegemonía chilena en el Pacífico Sur. También se inició la colonización alemana del sur (Llanquihue, Valdivia, Osorno), la construcción del ferrocarril y el telégrafo, y la expansión de la educación pública con la creación de la Universidad de Chile (1842) y la Escuela Normal de Preceptores (1842).
La Guerra del Pacífico enfrentó a Chile contra Bolivia y Perú por el control de los ricos yacimientos de salitre en el desierto de Atacama. El conflicto estalló el 14 de febrero de 1879, cuando tropas chilenas ocuparon el puerto boliviano de Antofagasta, en respuesta a la violación del tratado de límites de 1874 por parte de Bolivia (que había impuesto un impuesto a la empresa chilena Compañía de Salitres). Perú se vio arrastrado por su alianza secreta con Bolivia.
Chile demostró una superioridad militar y naval abrumadora. La Campaña Naval culminó con el combate de Iquique (21 de mayo de 1879), donde el capitán Arturo Prat murió heroicamente, convirtiéndose en un ícono nacional. Tras el control del mar, las fuerzas chilenas desembarcaron en Tarapacá y derrotaron a los aliados en las batallas de San Francisco (19 de noviembre) y Tacna (26 de mayo de 1880). La invasión de Lima, defendida desesperadamente por peruanos y bolivianos, culminó con las batallas de Chorrillos y Miraflores (15 y 16 de enero de 1881), y la ocupación de la capital peruana. La resistencia peruana continuó en la sierra bajo el mando de Andrés Avelino Cáceres, pero finalmente fue derrotada.
El Tratado de Ancón (20 de octubre de 1883) entre Chile y Perú cedió a Chile la provincia de Tarapacá, mientras que las provincias de Tacna y Arica quedaron bajo administración chilena por 10 años, con un plebiscito que nunca se realizó (el conflicto se resolvió recién en 1929). Con Bolivia, Chile firmó el Tratado de Paz y Amistad (1904), por el cual Bolivia perdió definitivamente su litoral, quedando como país mediterráneo a cambio de una compensación económica y la construcción de un ferrocarril. La guerra consolidó a Chile como potencia regional, le entregó las provincias salitreras más ricas del mundo, pero también dejó una deuda histórica con Bolivia que aún persiste.
El fin del período conservador y la expansión del liberalismo llevaron a la Guerra Civil de 1891, uno de los conflictos más sangrientos de la historia chilena. El presidente José Manuel Balmaceda (1886-1891) intentó fortalecer el poder ejecutivo y nacionalizar las ricas industrias salitreras, enfrentándose al Congreso de mayoría oligárquica. El conflicto estalló en enero de 1891 y enfrentó a las fuerzas balmacedistas (leales al presidente) contra las congresistas (que contaban con el apoyo de la marina y la oligarquía). Tras las batallas de Concón y Placilla (agosto de 1891), las fuerzas congresistas entraron a Santiago. Balmaceda se suicidó en la embajada argentina el 19 de septiembre de 1891.
La victoria del Congreso instauró un sistema de gobierno parlamentario (1891-1925), donde el presidente era un mero títere y el poder real residía en el legislativo y los partidos oligárquicos (Conservador, Liberal, Radical y Demócrata). Durante este período, conocido como la República Parlamentaria, se produjo un rápido desarrollo económico gracias a la exportación de salitre (que financió al estado durante décadas) y la expansión del ferrocarril, pero también una enorme desigualdad social y una fuerte cuestión social (huelgas obreras, masacres como la de la Escuela Santa María de Iquique en 1907, donde más de 2.000 trabajadores salitreros fueron masacrados).
La crisis del sistema parlamentario, sumada a la Primera Guerra Mundial (que desplomó la demanda de salitre por la invención del salitre sintético alemán), llevó a su fin. En 1925, un movimiento militar encabezado por el coronel Carlos Ibáñez del Campo y el ex presidente Arturo Alessandri Palma disolvió el Congreso y convocó a una nueva constitución, la de 1925, que restauró un fuerte poder presidencial y separó la iglesia del estado, dando inicio a la República Presidencial (1925-1973).
El 4 de septiembre de 1970, el candidato de la coalición de izquierda Unidad Popular, el médico socialista Salvador Allende Gossens, ganó las elecciones presidenciales con el 36,6% de los votos, venciendo al ex presidente Jorge Alessandri (conservador) y al democratacristiano Radomiro Tomic. Allende se convirtió en el primer marxista elegido democráticamente en América Latina. Su programa, conocido como "La Vía Chilena al Socialismo", proponía una transición pacífica e institucional hacia el socialismo mediante la nacionalización de las grandes empresas mineras (cobre, hierro, salitre), la reforma agraria acelerada (expropiación de latifundios), el control de precios y una fuerte expansión del gasto social.
El gobierno de Allende enfrentó desde el primer día la oposición frontal de Estados Unidos, que financió a los partidos de oposición, los gremios empresariales (como el gremio de camioneros) y los medios de comunicación (como el diario El Mercurio). También hubo una fuerte polarización interna: mientras la izquierda aplaudía las nacionalizaciones (unanimidad en el Congreso para nacionalizar el cobre) y la redistribución del ingreso, la derecha y parte de la Democracia Cristiana acusaban a Allende de llevar al país al caos económico, la hiperinflación (que alcanzó el 600% en 1973), el desabastecimiento de alimentos y las tomas ilegales de tierras. El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas, lideradas por el comandante en jefe del ejército Augusto Pinochet Ugarte, bombardearon el Palacio de La Moneda y derrocaron a Allende, quien se suicidó en el interior. Se inició así la dictadura más sangrienta de la historia de Chile.
La Junta Militar, liderada por Pinochet, asumió el poder el 11 de septiembre de 1973 e impuso un brutal régimen de terrorismo de Estado. En los primeros meses, miles de opositores (militantes de izquierda, sindicalistas, intelectuales, estudiantes) fueron detenidos, torturados, asesinados o desaparecidos. El Estadio Nacional de Santiago se convirtió en un gigantesco centro de detención y tortura. La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) documentó más de 3.200 muertos y desaparecidos, mientras que la Comisión Valech (2004) añadió más de 38.000 personas sobrevivientes de prisión política y tortura. Organismos de derechos humanos elevan la cifra a más de 40.000 víctimas. La dictadura también persiguió a chilenos en el exterior mediante la Operación Cóndor, una red de coordinación represiva entre las dictaduras sudamericanas.
En el plano económico, la dictadura implementó un modelo neoliberal radical diseñado por los Chicago Boys (economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago bajo Milton Friedman). Las reformas incluyeron: privatización de empresas públicas (incluyendo las mineras de cobre, aunque manteniendo Codelco), apertura comercial irrestricta, desregulación financiera, eliminación de la reforma agraria, congelamiento de salarios y un feroz ajuste fiscal que provocó una profunda recesión en 1975 (con desempleo superior al 20%) y una posterior recuperación basada en la exportación de frutas, madera, pesca y productos manufactureros. La Constitución de 1980, redactada por una comisión designada por la dictadura y aprobada en un plebiscito fraudulento, estableció un sistema político con un fuerte poder para las Fuerzas Armadas y un largo mandato presidencial (ocho años), además de un mecanismo de transición controlada.
En 1988, la presión interna (protestas nacionales del Protesta Nacional de 1983-1986) e internacional (campaña por el No) forzaron a Pinochet a convocar un plebiscito para extender su mandato hasta 1997. El 11 de septiembre de 1988, el "No" (opción a favor de la democracia) ganó con el 55,99% de los votos, contra el 44,01% del "Sí". La oposición, liderada por el ex presidente democratacristiano Patricio Aylwin, organizó una exitosa campaña. Pinochet aceptó los resultados y convocó a elecciones presidenciales y parlamentarias. El 14 de diciembre de 1989, Patricio Aylwin ganó las elecciones con el 55,2% de los votos, iniciando la transición democrática.
El gobierno de Patricio Aylwin (1990-1994) inició la transición con una política de "justicia en la medida de lo posible", creando la Comisión Rettig para investigar violaciones a los derechos humanos y procesando a algunos oficiales por delitos graves (como el asesinato del ex canciller Orlando Letelier). Sin embargo, mantuvo los puntos de amarre de la dictadura: Pinochet siguió como comandante en jefe del ejército hasta 1998 y el sistema binominal garantizaba sobrerrepresentación de la derecha. En lo económico, Aylwin profundizó el modelo neoliberal pero aumentó el gasto social, reduciendo la pobreza del 38% al 28%.
Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000), hijo del ex presidente, continuó las políticas de crecimiento (promedio del 7% anual) e inició la modernización de la infraestructura (carreteras, autopistas). En 1998, Pinochet fue detenido en Londres por orden del juez español Baltasar Garzón por delitos de lesa humanidad, lo que fracturó a la derecha chilena y fortaleció a la izquierda. Ricardo Lagos (2000-2006), socialista, asumió con un discurso de cambio, impulsó la reforma procesal penal, el plan AUGE (acceso universal a salud), y en 2005 firmó la eliminación de los senadores designados y vitalicios, completando una reforma constitucional que desmanteló los principales enclaves autoritarios. Michelle Bachelet (2006-2010, 2014-2018), primera mujer presidenta de Chile, creó el sistema de protección social Chile Crece Contigo, impulsó la reforma previsional y enfrentó el terremoto de 2010. En su segundo mandato, propuso una nueva constitución, pero fracasó en el Congreso.
Sebastián Piñera (2010-2014, 2018-2022), primer presidente de derecha elegido desde 1958, destacó por la reconstrucción tras el terremoto de 2010, la gestión de la crisis de los 33 mineros (Atacama) y en su segundo mandato por la represión del Estallido Social (18 de octubre de 2019), una revuelta ciudadana masiva contra la desigualdad, el alto costo de la vida y el sistema de pensiones (AFP). La violencia policial dejó 34 muertos y cientos de torturados. El estallido forzó un Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución (noviembre de 2019), que convocó a un proceso constituyente. La Convención Constitucional, paritaria y con escaños reservados para pueblos originarios, redactó una propuesta de nueva constitución de carácter ecologista, feminista y plurinacional, que fue rechazada en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022 por el 61,9% de los votos. El actual presidente Gabriel Boric (2022-actualidad), ex líder estudiantil, encabeza un gobierno de izquierda que enfrenta el segundo proceso constituyente (fallido nuevamente en diciembre de 2023) y la crisis de seguridad.
Chile transitó de ser una colonia periférica a una república autoritaria, un experimento socialista, una sangrienta dictadura neoliberal y una democracia incompleta con enclaves autoritarios. El legado de Pinochet (Constitución de 1980, sistema binominal, modelo económico) aún pesa en la política chilena. El estallido social de 2019 y el posterior proceso constituyente (fallido) evidencian la búsqueda de un nuevo pacto social. La memoria, la verdad y la justicia por las violaciones a los derechos humanos siguen siendo una deuda pendiente.