El Imperio Azteca —o Triple Alianza (México-Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan)— fue la entidad política más poderosa del México antiguo a la llegada de los españoles. Su historia comienza alrededor de 1325, cuando los mexicas, una tribu chichimeca guiada por su dios Huitzilopochtli, fundaron Tenochtitlan en un islote del lago de Texcoco. Según la tradición, vieron allí el águila devorando una serpiente sobre un nopal, señal profética que cumplía la promesa divina.
Orígenes y consolidación: Durante el siglo XIV los mexicas fueron vasallos de los tepanecas de Azcapotzalco. Sin embargo, en 1428, el tlatoani Izcóatl, asesorado por el hábil consejero Tlacaélel, forjó una alianza con Texcoco y Tlacopan y derrotó a los tepanecas. Nació así la Triple Alianza que, mediante guerras floridas y conquistas sistemáticas, extendió su dominio desde el Golfo de México hasta el Pacífico, y desde el centro de México hasta parte de Guatemala. El Imperio no era una administración centralizada, sino una red de tributos y alianzas; las provincias sometidas pagaban tributo al huey tlatoani de Tenochtitlan, quien residía en un palacio cada vez más suntuoso.
Apogeo y esplendor cultural: El siglo XV y principios del XVI fueron la edad de oro mexica, especialmente bajo Moctezuma I, Axayácatl y Ahuítzotl. Tenochtitlan se transformó en una metrópolis de canales, templos y mercados. Los aztecas desarrollaron un complejo calendario, una escritura pictoglífica y una tradición oral de poesía y filosofía (flor y canto). La sociedad estaba rígidamente jerarquizada: el huey tlatoani gobernaba con el consejo de nobles (pipiltin), sacerdotes y guerreros (águilas y jaguares).
La conquista y el ocaso: En 1519 arribó Hernán Cortés con unos pocos cientos de españoles, pero supo aliarse con pueblos sometidos, como los tlaxcaltecas. Moctezuma Xocoyotzin, el huey tlatoani, vaciló y fue tomado como rehén, falleciendo en 1520. Tras la "Noche Triste", los mexicas, al mando de Cuitláhuac y luego Cuauhtémoc, resistieron heroicamente. El 13 de agosto de 1521, tras un asedio brutal, Tenochtitlan cayó. El Imperio azteca se desvaneció, pero su legado perdura en la cultura, la lengua y el orgullo de México.
El Imperio Azteca transformó Mesoamérica para siempre, fusionando tradiciones ancestrales y creando una civilización que asombró a los conquistadores y sigue siendo raíz de México.