El Imperio Cartaginés no fue un imperio territorial continuo como el romano o el babilónico, sino una sorprendente talasocracia —un imperio del mar— tejido por rutas comerciales, factorías y alianzas con tribus norteafricanas e íberas. Su corazón fue Cartago (Qart Hadasht, «Ciudad Nueva»), fundada según la tradición en el 814 a.C. por la princesa tiria Dido (Elissa), huyendo de la opresión de su hermano Pigmalión. Ubicada en la actual Túnez, en un golfo estratégico, Cartago heredó la experiencia marítima fenicia y pronto superó a sus metrópolis de origen. Durante más de seis siglos, Cartago dominó el comercio de metales, tejidos y esclavos, extendiendo su influencia desde las costas atlánticas de África hasta Sicilia y la península ibérica.
Contexto y surgimiento: Tras la caída de Tiro ante los asirios (siglo VII a.C.), Cartago se independizó y lideró la defensa de los intereses fenicios frente a griegos y etruscos. Su sistema político, admirado por Aristóteles, era una república oligárquica con dos sufetes (jueces) anuales, un senado (Consejo de Ancianos) y una Asamblea Popular. Sin embargo, en tiempos de guerra emergían generales con poderes extraordinarios que formaban dinastías de facto. Las dos grandes estirpes que marcaron la historia cartaginesa fueron los Magónidas (siglos VI-V a.C.) y los Bárcidas (siglo III a.C.).
Organización y expansión: Cartago estableció colonias en Ibiza (650 a.C.), Cerdeña, Sicilia occidental y norte de África. Su ejército se nutría de mercenarios (íberos, númidas, galos), dirigidos por oficiales cartagineses. La flota, con quinquerremos, era la más poderosa del Mediterráneo hasta la irrupción de Roma. Los tratados con Roma (509, 348 a.C.) reconocían su hegemonía en el Mediterráneo occidental. Sin embargo, la rivalidad con los griegos de Siracusa provocó batallas legendarias como Himera (480 a.C.), donde Amílcar I perdió la vida. A partir del siglo III, la pugna con la República romana desembocó en las tres guerras púnicas.
Esplendor y ocaso: La dinastía bárquida, encabezada por Amílcar Barca y su hijo Aníbal, transformó Cartago en un auténtico imperio territorial en Hispania (fundación de Qart Hadasht, actual Cartagena) y asestó a Roma derrotas humillantes (Trebia, Trasimeno, Cannas). Pero Aníbal no pudo tomar Roma y finalmente fue vencido por Escipión en Zama (202 a.C.). Tras la Segunda Guerra Púnica, Cartago quedó desarmada pero resurgió económicamente, lo que alarmó a Roma. Catón el Viejo repetía sin cesar «Cartago debe ser destruida». En 149 a.C., Roma provocó la Tercera Guerra Púnica; tras un asedio de tres años, Escipión Emiliano tomó la ciudad en 146 a.C., la incendió y sus supervivientes fueron vendidos como esclavos. El suelo se maldijo simbólicamente, aunque décadas después Julio César refundaría la ciudad como colonia romana.
Legado: Cartago transmitió a Roma y al Mediterráneo técnicas agrícolas (el tratado de Magón), navegación, cultos como el de Baal Hammón y Tanit, y un ejemplo de organización comercial y militar. Los reyes (o líderes con poder cuasi-monárquico) que gobernaron Cartago rara vez ostentaron la corona de forma hereditaria, pero ejercieron un poder supremo, y son recordados por sus empresas. La siguiente lista presenta a todos los soberanos y líderes principales de Cartago, desde la legendaria fundadora hasta los comandantes que defendieron la ciudad en su hora final.
El Imperio Cartaginés transformó para siempre el Mediterráneo antiguo, fusionando comercio, exploración y arte militar, y dejando un legado que perdura en la memoria de Occidente.