c. 559 – 330 a.C. · El imperio de los pueblos

Imperio Persa: el primer imperio universal

El Imperio Persa Aqueménida (ca. 559–330 a.C.) constituyó la mayor potencia política y cultural que el mundo había visto hasta entonces. En su apogeo bajo Darío I, se extendió desde el valle del Indo hasta Tracia, y desde el mar de Aral hasta Egipto y Nubia, abarcando más de 5,5 millones de kilómetros cuadrados y decenas de pueblos con lenguas, religiones y costumbres diversas. Su grandeza no residió solo en la conquista, sino en la capacidad de organizar un imperio multiétnico bajo una administración tolerante, una red de caminos y un sistema de gobierno que inspiró a griegos, romanos y posteriores dinastías islámicas.

Orígenes y fundación: Los persas eran un pueblo de habla irania, emparentado con los medos, que se asentó en la meseta de Irán (región de Persis, actual Fars) a comienzos del I milenio a.C. Sometidos inicialmente a los medos, el príncipe aqueménida Ciro II (559-530 a.C.) unificó las tribus persas y se rebeló contra el dominio medo, conquistando Ecbatana en el 550 a.C. En una serie fulgurantes campañas, Ciro incorporó Lidia (547 a.C.) y el poderoso Imperio Neobabilónico (539 a.C.), liberando a los judíos exiliados —hecho inmortalizado en el Edicto de Ciro—. Su imperio se extendía ya desde Asia Menor hasta Mesopotamia. Ciro murió en combate contra los nómadas masagetas, pero su tumba en Pasargada se convirtió en lugar sagrado.

La organización imperial: Darío I: Con Cambises II, Egipto fue anexionado (525 a.C.). Tras un breve período de crisis y la rebelión del falso Bardiya, Darío I (522-486 a.C.) reestructuró el imperio. Dividió el territorio en satrapías (provincias) con gobernantes y recaudadores, estableció un sistema de correos real (los "ángaros"), unificó la moneda (el dárico), construyó la Ruta Real de Sardes a Susa y promovió obras colosales en Persépolis y Susa. Su inscripción en Behistún (trilingüe: persa antiguo, elamita, acadio) fue la "piedra de Rosetta" de la escritura cuneiforme. Darío también emprendió la primera guerra contra Grecia, que culminó en Maratón (490 a.C.).

Guerras Médicas y declive: Jerjes I (486-465 a.C.) reprimió revueltas en Egipto y Babilonia, y lanzó la segunda invasión a Grecia (480-479 a.C.). Aunque inicialmente exitoso (Termópilas, saqueo de Atenas), sufrió derrotas decisivas en Salamina, Platea y Mícala. A partir de entonces, el imperio pasó a la defensiva, pero mantuvo su cohesión. Artajerjes I (465-424 a.C.) consolidó las fronteras y, mediante la Paz de Calias, reconoció la autonomía de las ciudades griegas de Asia Menor. Los siglos V y IV vieron una sucesión de monarcas que alternaron períodos de estabilidad (Artajerjes II, 404-359 a.C.) con conspiraciones palaciegas y rebeliones satrapales. El imperio siguió siendo la potencia hegemónica, pero la emergencia de Macedonia bajo Filipo II y Alejandro Magno cambiaría el equilibrio. Darío III (336-330 a.C.) enfrentó la invasión alejandrina: tras las derrotas en Gránico, Issos y Gaugamela, el Gran Rey huyó y fue asesinado por sus propios sátrapas, marcando el fin de la dinastía.

Legado civilizatorio: Los aqueménidas crearon un modelo de administración basado en la diversidad cultural y religiosa (respeto a los cultos locales, como el judaísmo o los templos egipcios), una cancillería plurilingüe, y una red viaria que facilitó el comercio y la comunicación. Su arte y arquitectura (Persépolis, Naqsh-e Rostam) sintetizaron tradiciones de todos los confines del imperio: medos, egipcios, griegos jonios. El zoroastrismo, aunque no fue religión exclusiva del estado, inspiró la concepción de un rey justo que combate la mentira (drauga). La caída del imperio no significó su olvido: el ideal persa de realeza y organización estatal influyó en los seléucidas, partos, sasánidas y, a través de la Biblia y los historiadores griegos, en la civilización occidental.

Dinastía Aqueménida · c. 559 – 330 a.C.

Ciro II (el Grande)
c. 559 – 530 a.C. · Fundador del imperio
Hijo de Cambises I y de la princesa meda Mandana (según Heródoto), Ciro pertenecía al clan aqueménida. Su reinado supuso una transformación geopolítica total. Primero unificó a las tribus persas y, hacia 550 a.C., derrotó a su abuelo Astiages, rey de los medos, tomando Ecbatana y heredando un vasto territorio que incluía gran parte de Irán. En 547 a.C. conquistó Lidia, cuyo soberano Creso era famoso por su riqueza; según la leyenda, Ciro lo perdonó. Entre 539 y 538 a.C., su ejército entró en Babilonia sin combate, presentándose como libertador ante la población y respetando los cultos locales. El célebre Cilindro de Ciro (hoy en el British Museum) proclama su respeto a Marduk y su política de repatriación de pueblos deportados, incluidos los judíos, a quienes permitió regresar a Jerusalén y reconstruir el Templo. Ciro organizó el imperio en satrapías rudimentarias y fomentó el comercio. Murió en 530 a.C. combatiendo a los masagetas al este del mar Caspio. Su tumba en Pasargada (Irán), un austero mausoleo de piedra, se conserva como Patrimonio de la Humanidad. Ciro es recordado por los persas como "padre" y por los pueblos sometidos como un monarca justo y tolerante.
Cambises II
530 – 522 a.C. · Conquistador de Egipto
Hijo de Ciro y de Casandana. Antes de acceder al trono, actuó como gobernador en Babilonia. En 525 a.C. emprendió la campaña contra Egipto: con el apoyo de árabes y mercenarios griegos, derrotó al faraón Psamético III en Pelusio y conquistó Menfis. Se coronó faraón con el nombre de Mesuti-Ra y adoptó las costumbres egipcias, aunque las fuentes griegas (Heródoto) lo presentan como un déspota sacrílego —habría herido al Apis—, acusaciones probablemente exageradas. Desde Egipto planeó expediciones a Nubia y el oasis de Siwa, con resultados adversos. Durante su ausencia, un sacerdote medo, Gaumata, se hizo pasar por su hermano Bardiya (Esmerdis) y se rebeló en Persia. Cambises murió en Siria camino a sofocar la revuelta, en circunstancias poco claras (suicidio o accidente). Su reinado consolidó la frontera suroccidental y sentó las bases de la satrapía de Egipto, pero su muerte sumió al imperio en una crisis sucesoria.
Bardiya (Esmerdis)
522 a.C. · El rey usurpado
Hijo de Ciro y hermano menor de Cambises. Según la versión oficial de Darío (inscripción de Behistún), fue asesinado en secreto por orden de Cambises antes de la campaña egipcia. En la primavera de 522 a.C., un mago medo llamado Gaumata se levantó proclamándose Bardiya, aprovechando el descontento de la nobleza y la lejanía del rey. Gobernó durante unos meses, ganando apoyo popular mediante exenciones de impuestos y servicio militar. Sin embargo, su origen no persa y sus reformas alarmaron a la aristocracia. Siete nobles, encabezados por Darío, lo asesinaron en su fortaleza de Sikayauvatiš en septiembre de 522 a.C. La figura de Bardiya/Gaumata permanece controvertida: algunos historiadores sugieren que pudo ser el auténtico Bardiya y que Darío inventó el fraude para justificar su ascenso.
Darío I (el Grande)
522 – 486 a.C. · Organizador del imperio
Perteneciente a una rama colateral de los aqueménidas (hijo de Histaspes), Darío accedió al trono tras eliminar a Gaumata y sofocar las rebeliones que estallaron en casi todas las provincias (Babilonia, Media, Elam, Egipto, Partia…). La inscripción de Behistún, en tres lenguas, conmemora sus victorias y justifica su legitimidad. Su reinado marcó la madurez administrativa del imperio: estableció 20 satrapías con tributos fijos, creó la cancillería real, introdujo el dárico (moneda de oro) y el siclo de plata, y completó la Ruta Real de Sardes a Susa (unos 2.500 km) con postas diarias. Patrocinó la construcción de Persépolis como nueva capital ceremonial, además de obras en Susa y Egipto (canal del Nilo al mar Rojo). Promovió el zoroastrismo sin imponerlo. En política exterior, expandió el imperio hacia el Indo (anexión del Punjab) y Tracia. Su intervención en Grecia, apoyando a las ciudades jonias rebeldes, derivó en la primera guerra médica. En 490 a.C., la expedición de Datis y Artafernes fue derrotada en Maratón. Darío preparaba una nueva invasión cuando murió en 486 a.C. Su legado perdura como modelo de gobernante.
Jerjes I
486 – 465 a.C. · El rey de las Termópilas
Hijo de Darío y Atosa (hija de Ciro). Accedió al trono tras sofocar una revuelta en Egipto (484 a.C.) y posteriormente otra en Babilonia, donde destruyó las murallas y la estatua de Marduk (según Heródoto). En 480 a.C. lideró la gigantesca expedición contra Grecia: puentes sobre el Helesponto, canal en el monte Athos, ejército de cientos de miles. Venció en las Termópilas (con la célebre resistencia de Leónidas) y saqueó Atenas, pero su flota fue derrotada en Salamina. Al año siguiente, las fuerzas persas sufrieron descalabros en Platea (tierra) y Mícala (mar). Jerjes regresó a Asia y se concentró en obras monumentales en Persépolis (Apadana, Puerta de Todas las Naciones). Fuentes griegas lo presentan como un rey lujurioso y cruel, pero las tablillas administrativas persas muestran un gobierno ordenado. Murió asesinado en 465 a.C. por el jefe de su guardia, Artabano, en un complot palaciego.
Artajerjes I (Longímano)
465 – 424 a.C. · Pacificador
Hijo de Jerjes, apodado "Longímano" por su mano derecha más larga. Ascendió tras asesinar a su padre y eliminar a los conspiradores. Su reinado se caracterizó por la consolidación interna y la diplomacia. Enfrentó una rebelión en Egipto (460-454 a.C.) apoyada por Atenas, que logró sofocar. En Grecia, intervino en la guerra del Peloponeso mediante subsidios a Esparta (la "paz del Rey" o Paz de Calias, hacia 449 a.C., que reconoció el control persa de las costas de Asia Menor). Bajo su gobierno, el imperio mantuvo la estabilidad y se reconstruyeron templos. Fue tolerante con los judíos (cartas a Esdras y Nehemías según la Biblia). Murió en 424 a.C. de muerte natural, dejando un imperio en paz.
Jerjes II
424 a.C. (45 días)
Hijo legítimo de Artajerjes I y la reina Damaspia. Gobernó solo 45 días. Fue asesinado mientras estaba ebrio por su medio hermano Sogdiano, con la ayuda del eunuco Farnacias. Su breve reinado ejemplifica las luchas sucesorias que caracterizaron la segunda mitad del siglo V a.C.
Sogdiano
424 – 423 a.C.
Hijo de Artajerjes I y de una concubina llamada Alogune. Usurpó el trono asesinando a Jerjes II. Gobernó unos seis meses, pero carecía de apoyos entre la nobleza. Su otro medio hermano, Oco (futuro Darío II), gobernador de Hircania, reunió un ejército y lo derrotó. Sogdiano fue capturado y ejecutado por estrangulamiento.
Darío II (Oco)
423 – 404 a.C. · El rey de la posguerra
Hijo bastardo de Artajerjes I y de Cosmartidene. Antes de reinar se llamaba Oco y era sátrapa de Hircania. Sucedió a Sogdiano tras una guerra civil. Su reinado estuvo marcado por las intrigas de la reina Parisatis, su media hermana y esposa, que influyó en las decisiones. En política exterior, intervino en la guerra del Peloponeso apoyando a Esparta (tratados de 412-411 a.C.), lo que permitió recuperar el control de las ciudades griegas de Asia. Enfrentó rebeliones en Media y Lidia. Su gobierno fue eficaz pero autoritario. Murió en Babilonia en 404 a.C., dejando un imperio estable pero con tensiones latentes.
Artajerjes II (Memnón)
404 – 359 a.C. · El constructor
Hijo de Darío II y Parisatis. Apodado Memnón ("el que recuerda") por su prodigiosa memoria. Su largo reinado de 45 años se inició con la pérdida de Egipto (404 a.C.), que recuperaría su independencia. Enfrentó la rebelión de su hermano Ciro el Joven, quien, con apoyo de mercenarios griegos (los "Diez Mil" narrados por Jenofonte), intentó arrebatarle el trono; Ciro murió en Cunaxa (401 a.C.). Artajerjes II mantuvo el imperio mediante alianzas y campañas: sometió a los chipriotas, intervino en Grecia (Paz de Antálcidas, 387 a.C., que devolvió las ciudades griegas de Asia a Persia). Fue un gran constructor: restauró el palacio de Susa y erigió su propia tumba en Persépolis (y posiblemente la de su esposa Estatira). Su reinado, aunque marcado por revueltas satrapales (Gran Revuelta de los Sátrapas), fue próspero cultural y económicamente. Mur非ció nonagenario.
Artajerjes III (Oco)
359 – 338 a.C. · Restaurador
Hijo de Artajerjes II. Ascendió tras eliminar a sus hermanos mayores. Famoso por su energía y crueldad. Reafirmó la autoridad central sofocando las rebeliones satrapales en Asia Menor y Fenicia. En 343 a.C., tras décadas de independencia, reconquistó Egipto, saqueando templos y gobernando con mano dura. Su administración fue eficaz y redujo el poder de los sátrapas. Sin embargo, su política represiva generó odio. Fue envenenado por su médico, instigado por el eunuco Bagoas, en 338 a.C. Su muerte sumió al imperio en una nueva crisis sucesoria.
Artajerjes IV (Arses)
338 – 336 a.C.
Hijo menor de Artajerjes III, colocado en el trono por el eunuco Bagoas, que había asesinado a su padre y a la mayoría de su familia. Arses intentó gobernar con independencia, lo que llevó a Bagoas a envenenarlo también tras un breve reinado de dos años. Su muerte permitió el ascenso de Darío III.
Darío III (Codomano)
336 – 330 a.C. · El último aqueménida
Perteneciente a una rama colateral (bisnieto de Darío II). Fue proclamado rey por la nobleza tras el asesinato de Arses, contando con el apoyo de Bagoas (a quien luego ejecutó). Enfrentó la amenaza de Filipo II de Macedonia y, tras su muerte, de su hijo Alejandro. En 334 a.C., Alejandro cruzó a Asia. Darío reunió grandes ejércitos, pero fue derrotado en Gránico (334 a.C.), Issos (333 a.C.) —donde su familia cayó prisionera— y decisivamente en Gaugamela (331 a.C.). Huyó a Ecbatana y luego a las satrapías orientales. Traicionado por el sátrapa Besos, fue asesinado en julio del 330 a.C. cerca de Hecatómpilos. Su muerte marcó el fin del Imperio Persa aqueménida. Darío es recordado como un monarca valiente pero desbordado por las circunstancias.

Legado del Imperio Persa

El modelo universal
El Imperio Aqueménida estableció por primera vez un sistema de gobierno multicultural a gran escala: respeto por las costumbres locales, uso de lenguas oficiales (persa antiguo, elamita, arameo), red de caminos y correos, burocracia eficaz y una ideología real basada en la justicia y el orden (asha) frente a la mentira y el caos (drauga). Este modelo influyó en el Imperio Sasánida, el Califato Islámico y las monarquías europeas a través de la literatura clásica y la Biblia. La figura de Ciro como mesías (Isaías 45,1) y libertador marcó la tradición judeocristiana. Los restos de Persépolis, Pasargada y Naqsh-e Rostam atestiguan la grandeza de una civilización que supo integrar a los pueblos sin borrar sus identidades.

Huellas de Persia


Persépolis

Ruta Real

Behistún

Sistema satrapal