Invasión Napoleónica
1808-1814: el levantamiento del pueblo español contra el Imperio francés
Análisis completo de la invasión de Napoleón Bonaparte a España: las causas del conflicto, la sociedad del Antiguo Régimen, el papel de la Iglesia, los afrancesados, las batallas decisivas (Bailén, los sitios de Zaragoza) y las consecuencias que transformaron España para siempre.
Duración
6 años (1808-1814)
Batalla clave
Bailén, Zaragoza
Figura central
Napoleón / José I
Resultado
Expulsión francesa, Constitución de 1812
El misoneísmo español
España no estaba en sazón, al alborear el siglo XIX, para recibir las ideas francesas, como se llamaba en Madrid, con juicio expresivo, a la filosofía política de la decimoctava centuria. La Península ofrecía violentísimo contraste con Francia y con las demás naciones progresivas. Francia tenía cuarenta y dos mil burgos, o centros urbanos de la clase media burguesa; España presentaba al curioso viajero ciento cincuenta ciudades, sin que llegaran a cuarenta las de más de diez mil almas; cuatro mil seiscientas villas, catorce mil quinientos lugares y feligresías, mil ochocientas aldeas, dos mil doscientas granjas, y novecientos treinta despoblados.
El español se declaraba misoneísta, refractario a todo lo nuevo, a cuanto tratara de sacudir su pereza mental. Naturalmente, quien no mostraba interés por las fábulas o la amena literatura —fuera del alcance de una población analfabeta— reaccionaba, desconfiado, contra disciplinas más complicadas, como la economía, tenida por peligrosa innovación. Madrid, con menos de doscientos mil habitantes, era una modesta capital de provincia, corazón laxo de las Españas, domicilio de una bucólica nobleza territorial y lonja de tenderos y almacenistas de mediano pasar.
En la patria de Montesquieu aparecían en el periodo revolucionario treinta y tres periódicos, algunos, en provincias, como Le Courrier de Lyon, con setenta mil ejemplares de tirada. Pero en España, donde la inmensa mayoría de la población carecía de instrucción elemental, la prensa, casi toda ella de corte parroquial, alimentaba la curiosidad de unos cuantos contertulios de casino, mas no influía sobre la masa popular.
La sociedad española en 1808
Al romper el siglo XIX, la fuerza social de los ganaderos superaba en España a la de cualesquiera otros elementos de la riqueza nacional. Esto es, la ganadería seguía siendo factor de enorme consideración en la política española, y la agricultura, la industria y el comercio se hallaban supeditados socialmente al interés de los rebaños. Protegía a los tropeles trashumantes el Honrado Concejo de la Mesta, institución de muy antiguo origen —del siglo XIII— y rara prosapia.
Los privilegios de la ganadería perjudicaban sobremanera a la agricultura, por cuanto los campos y las cosechas estaban a merced de la libertad de movimientos de los ganados. Tenía España veinticinco mil ganaderos y cien mil pastores. La agricultura estaba detenida en un punto de escaso desarrollo: agricultura del sistema de año y vez, del arado romano, del gañán analfabeto, del transporte a lomos por falta de caminos.
Según Cabarrús, en el reinado de Carlos IV (1788-1808) se dedicaban al cultivo ocho millones y medio de hectáreas. El déficit de la producción de cereales se cubría con la importación. La propiedad de la tierra se hallaba amortizada de modo predominante en el seno de las comunidades religiosas, la nobleza y los municipios. Flórez Estrada calculó que los baldíos y bienes de manos muertas sumaban tanto casi como tres veces la propiedad individual.
Se contaban en el campo ochocientos mil jornaleros o braceros, hombres sin tierra, trescientos setenta mil labradores propietarios y medio millón de arrendatarios. El número de nobles cabezas de familia con ejecutoria se elevaba a medio millón, uno por cada veintiún habitantes.
Cifras del Censo de Floridablanca (1787): 276.000 criados, 140.000 vagabundos, 100.000 contrabandistas, 40.000 funcionarios de aduanas y 36.000 mendigos.
El poder omnímodo de la Iglesia
País de pastores, junto a los pastores reales del rebaño señoreaban a la nación los metafóricos pastores de almas. El clero regular y secular comprendía a unos ciento ochenta mil individuos de uno y otro sexo. Según el Censo de 1796, el personal de la Iglesia se distribuía en España del siguiente modo: Clero secular, 91.258 personas (canónigos, racioneros, curas párrocos, tenientes, beneficiados, ordenados, sacristanes). Clero regular: 92.727 personas (profesos, novicios, legos, donados, criados, niños, y en conventos femeninos: profesas, novicias, señoras con vestido seglar, niñas, criadas).
Al decir de Canga Argüelles, en ninguna nación poseía el clero tanta riqueza como en España. El Catastro de 1766 a 1788 clasificó las rentas de la Iglesia: de patrimonios, 41.910.000 reales; por casas, 13.241.000; por tierras, 212.764.700; por ganados, 21.165.440, y por salarios fijos, 10.735.200 reales.
La falta de burguesía y el omnímodo influjo social que disfrutaba la Iglesia fueron las causas principales del fracaso de Napoleón en la Península. En las grandes naciones de Europa, excepto en Rusia, el pueblo no seguía ya a ojos cerrados a la nobleza y al clero. Pero en España, el pueblo solo recibía inspiración de las viejas clases directoras, en primer término del clero.
Afrancesados y levantamiento popular
Con lo poco que había de clase media, Napoleón podía haber llegado en España a un compromiso; y no era otra la política de los afrancesados, que apoyaron al rey intruso, José, hermano de Napoleón, y defendieron sus ideas en la Gaceta de Madrid, la Gaceta de Málaga, la Gaceta de Sevilla, el Diario del Gobierno de Cataluña y Barcelona, El Imparcial, de Madrid, y el Diario de Madrid.
Los afrancesados que se atrevieron a declarar sus ideas fueron una minoría dentro de la minoría ilustrada, porque la exaltación popular contra los franceses atemorizó a muchos. El pueblo y el clero lo eran todo en la nación, y enfrentarse contra la nación acarreaba peligros personales. Una parte sobremanera lúcida del sector progresista español dirigió la revolución contra José, cuya política coincidía, en general, con la de la intelligentsia.
La causa antifrancesa tuvo decididos y valiosos adalides en intelectuales que pensaban como los invasores: Jovellanos, Quintana, Flórez Estrada, Martínez de la Rosa, el conde de Toreno, y el genial Goya.
El furor con que España se puso en pie y la vehemencia con que acometió a los franceses se explican por la singular circunstancia de que el pueblo solo recibía inspiración de las viejas clases directoras. Napoleón cometió el fatal error de olvidarse de lo que él mismo representaba. El hombre que reconocía haber nacido en el tiempo y en el país justos para realizar su misión, no debió ignorar lo que más tarde confesó en Santa Elena: que su sistema no era aplicable a España.
La Guerra de Independencia (1808-1814)
El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó contra las tropas francesas. La sublevación se extendió por toda España. Napoleón respondió con una durísima represión y obligó a abdicar a Fernando VII para colocar a su hermano José Bonaparte en el trono español.
La Junta Suprema Central asumió el poder en ausencia del rey. En Bailén (1808), el general Castaños infligió a los franceses su primera gran derrota en campo abierto. Napoleón intervino personalmente en 1808-1809, reconquistó Madrid y obligó a los ingleses a reembarcar en La Coruña. Pero la guerra de guerrillas —el "paciente y desgastador método" de la resistencia española— desgastó al ejército imperial.
Los sitios de Zaragoza (1808-1809) pasaron a la leyenda: la ciudad resistió dos largos asedios con una defensa casa por casa, bajo el mando de Palafox. En 1812, las Cortes reunidas en Cádiz promulgaron la primera Constitución española, de signo liberal. Finalmente, la campaña de 1813, dirigida por Wellington, culminó en la batalla de Vitoria, que expulsó definitivamente a José I de España. Cuando, en otoño de 1813, los ejércitos franceses pasaban el Bidasoa, las ideas francesas habían ganado terreno, pero el comercio, la industria y la agricultura quedaban arruinados. Veinte mil personas habían muerto de hambre en Madrid. La guerra y las epidemias habían reducido el número de habitantes en España en medio millón.
Consecuencias y legado
La Guerra de Independencia dejó a España devastada demográfica y económicamente. Se perdieron entre 300.000 y 500.000 vidas. La Hacienda pública quedó en bancarrota. La guerra estimuló, sin embargo, el nacimiento del liberalismo español: las Cortes de Cádiz (1810-1814) aprobaron la abolición del régimen señorial, la libertad de imprenta y la soberanía nacional.
La Constitución de 1812 ("La Pepa") fue un texto revolucionario en Europa, que inspiró a los movimientos liberales italianos y alemanes. Pero Fernando VII, al regresar en 1814, la derogó y restauró el absolutismo, iniciando un ciclo de inestabilidad política que duraría todo el siglo XIX.
Culturalmente, la guerra fijó la imagen del "dos de mayo" como mito fundacional del nacionalismo español. Goya inmortalizó la lucha en sus grabados de "Los desastres de la guerra" y en sus pinturas "La carga de los mamelucos" y "Los fusilamientos del 3 de mayo". La guerra también marcó el inicio de la emancipación de la América española, privada de su metrópoli durante el conflicto.
Protagonistas del conflicto
Napoleón Bonaparte
(1769-1821)Emperador de los franceses (1804-1814, 1815). En 1808, engañó a Carlos IV y Fernando VII en Bayona y colocó a su hermano José en el trono español. Subestimó la resistencia popular española. La guerra de guerrillas y la intervención británica desgastaron a sus ejércitos. La derrota en Vitoria (1813) selló su fracaso en la Península, que contribuyó a su caída final en 1814.
Leer biografía completa →José I Bonaparte (Pepe Botella)
(1768-1844)Hermano mayor de Napoleón, fue rey de España entre 1808 y 1813. Intentó implantar reformas liberales (abolición de la Inquisición, reducción de conventos, código napoleónico), pero nunca fue aceptado por el pueblo, que lo apodó despectivamente "Pepe Botella". Tras la derrota de Vitoria huyó a Francia. Murió en Florencia.
Leer biografía completa →Fernando VII
(1784-1833)Hijo de Carlos IV. Conspiró contra su padre y fue llamado por los españoles como "el Deseado". Napoleón lo retuvo en Bayona y lo obligó a abdicar. Regresó en 1814, derogó la Constitución de Cádiz y restauró el absolutismo. Su reinado estuvo marcado por la pérdida de las colonias americanas.
Leer biografía completa →Francisco de Goya
(1746-1828)Pintor genial, cronista visual de la Guerra de Independencia. Sus "Desastres de la guerra" (82 grabados) retratan con crudeza los horrores del conflicto. Pintó "El dos de mayo de 1808" y "Los fusilamientos del 3 de mayo", obras fundacionales del arte moderno. Murió en Burdeos.
Leer biografía completa →José de Palafox
(1775-1847)General español, héroe de los sitios de Zaragoza (1808-1809). Capitán general de Aragón, organizó la defensa de la ciudad con recursos mínimos, resistiendo dos largos asedios franceses. Fue hecho prisionero y liberado en 1813. Símbolo de la resistencia popular.
Leer biografía completa →Duque de Wellington
(1769-1852)Comandante británico que lideró las fuerzas aliadas en la Península. Venció en Salamanca (1812) y Vitoria (1813), expulsando definitivamente a los franceses. Más tarde venció a Napoleón en Waterloo (1815). Fue una figura clave en la derrota francesa en España.
Leer biografía completa →