1266-1861.Reino de Nápoles.Soberanos de Italia meridional

Reino de Nápoles: todos sus monarcas y biografías críticas

El Territorio del Reino de Nápoles en 1454

El Reino de Nápoles (en latín: Regnum Neapolitanum) fue una entidad estatal del sur de Italia que existió desde la Edad Media hasta la unificación italiana. Nació formalmente tras las Vísperas Sicilianas (1282), cuando la isla de Sicilia se separó del dominio angevino, quedando Nápoles como capital de un reino independiente. Durante casi seis siglos, la corona napolitana pasó por las dinastías Anjou, Durazzo, Aragón, Francia, España (como virreinato) y finalmente los Borbones de las Dos Sicilias. Esta página reúne la lista completa y exhaustiva de los reyes de Nápoles —incluyendo los monarcas de la Casa de Anjou, la rama de Durazzo, los Trastámara aragoneses, los soberanos del breve dominio francés y los Borbones— con biografías amplias, rigurosas y críticas, basadas en fuentes como Giovanni Villani, Benedetto Croce y la historiografía moderna. El reino desapareció en 1861 con la anexión al Reino de Italia bajo Víctor Manuel II.

Dinastía de Anjou (1266–1382)

Carlos I de Anjou
1226–1285.Rey de Sicilia (1266–1282) y Nápoles (1266–1285)
Hijo de Luis VIII de Francia, fue investido por el papado para arrebatar el reino a los Hohenstaufen. Derrotó a Manfredo en Benevento (1266) y a Conrado en Tagliacozzo (1268), instaurando el dominio angevino. Su gobierno centralista y altos impuestos provocaron las Vísperas Sicilianas (1282), perdiendo Sicilia. Fundó la capital en Nápoles y embelleció la ciudad. Murió en Foggia. Figura clave de la política mediterránea del siglo XIII.
Carlos II de Anjou (el Cojo)
1254–1309.Rey de Nápoles 1285–1309
Hijo de Carlos I, pasó varios años cautivo tras la batalla naval de Malta. Pactó la paz con Aragón y consolidó el reino. Fue un gobernante piadoso que promovió las órdenes mendicantes y la construcción de iglesias. Aunque perdió Sicilia de forma definitiva, fortaleció las instituciones napolitanas y vinculó el reino con Hungría y Provenza mediante enlaces matrimoniales.
Roberto de Anjou (el Sabio)
1275–1343.Rey de Nápoles 1309–1343
Tercer rey angevino, destacado mecenas de Petrarca, Boccaccio y Giotto. Su reinado fue un período de esplendor cultural, pero sufrió presiones de las facciones güelfas y el expansionismo de los reyes aragoneses de Sicilia. Gobernó con gran habilidad diplomática, aunque su falta de herederos varones provocó sucesivas crisis sucesorias. Bajo su reinado Nápoles se convirtió en centro del humanismo temprano.
Juana I de Nápoles
1326–1382.Reina de Nápoles 1343–1382
Nieta de Roberto, su reinado estuvo marcado por el escándalo (asesinato de su primer esposo Andrés de Hungría) y una larga guerra de sucesión. Vendió Aviñón al papado. Fue una soberana culta, pero enfrentó revueltas nobiliarias. Finalmente fue depuesta y estrangulada por orden de su primo Carlos de Durazzo. Su muerte abrió la crisis dinástica que llevó al trono a la rama de Durazzo.

Dinastía de Durazzo (1382–1435)

Carlos III de Durazzo (el Pequeño)
1345–1386.Rey de Nápoles 1382–1386
Descendiente de los Anjou por rama menor, arrebató el trono a Juana I. Su reinado fue efímero y conflictivo, enfrentado con Luis I de Anjou (rival francés) y con el papa Urbano VI. Murió asesinado en Hungría. Su ascenso consolidó la ruptura dinástica y atrajo la intervención francesa en los asuntos napolitanos.
Ladislao de Anjou-Durazzo
1377–1414.Rey de Nápoles 1386–1414
Hijo de Carlos III, recuperó el control del reino tras años de guerra contra Luis II de Anjou. Fue un monarca belicoso que expandió su dominio hacia Roma y Florencia. Conquistó gran parte de los Estados Pontificios, ganándose la enemistad del papado. Murió sin herederos legítimos, extinguiendo la línea principal de Durazzo.
Juana II de Nápoles
1373–1435.Reina de Nápoles 1414–1435
Hermana de Ladislao, su reinado fue un caos de favoritos, conspiraciones y luchas entre los aspirantes aragoneses y angevinos. Adoptó primero a Alfonso V de Aragón y luego a Luis III de Anjou. A su muerte sin hijos, el reino quedó en disputa entre los Anjou y los Trastámara, resolviéndose con la conquista aragonesa de Alfonso el Magnánimo.

Dinastía de Aragón (1442–1501)

Alfonso V de Aragón (el Magnánimo)
1396–1458.Rey de Nápoles como Alfonso I (1442–1458)
Rey de Aragón, Valencia, Mallorca y conde de Barcelona. Tras una larga guerra conquistó Nápoles en 1442, unificando bajo su cetro las coronas aragonesa y napolitana. Fue un gran mecenas renacentista, atrayendo a intelectuales y artistas. Estableció la corte napolitana como centro humanístico. A su muerte, dividió sus reinos: Nápoles para su hijo bastardo Ferrante, Aragón para su hermano Juan II.
Fernando I de Nápoles (Ferrante)
1423–1494.Rey de Nápoles 1458–1494
Hijo ilegítimo de Alfonso V, legitimado. Su sucesión fue contestada por los Anjou y el papado. Gobernó con mano dura, reprimiendo la conjura de los barones (1485-1486). Impulsó la imprenta y la fortificación del reino. Fue un monarca hábil pero despiadado; bajo su reinado el reino napolitano alcanzó estabilidad interna, aunque sentó las bases para la intervención francesa de 1494.
Alfonso II de Nápoles
1448–1495.Rey de Nápoles (ene–nov 1495)
Hijo de Ferrante, abdicó ante la invasión de Carlos VIII de Francia, retirándose a un monasterio en Sicilia, donde murió. Su brevísimo reinado fue trágico: temeroso de la furia francesa y las profecías, dejó el trono a su hijo Fernando II. Su huida aceleró la ocupación francesa de Nápoles.
Fernando II de Nápoles (Ferrandino)
1469–1496.Rey de Nápoles 1495–1496
Recuperó brevemente el reino tras la retirada de Carlos VIII, gracias al apoyo de España y Venecia. Murió a los 27 años, probablemente de malaria. Fue un rey valiente y popular, pero no logró consolidar la dinastía. Su muerte abrió el camino a la partición franco-española.
Federico I de Nápoles
1452–1504.Rey de Nápoles 1496–1501
Hijo de Ferrante y hermano de Alfonso II. Fue un soberano culto pero débil. En 1501, Luis XII de Francia y Fernando el Católico acordaron la partición del reino. Derrotado, Federico se exilió en Francia. Con él finalizó el dominio aragonés directo sobre Nápoles.

Dominación francesa y española (1501–1504 / 1504–1734)

Luis XII de Francia
1462–1515.Rey de Nápoles 1501–1504 (nominal)
Tras el Tratado de Granada con Fernando el Católico, ocupó Nápoles pero pronto estalló la guerra entre Francia y España. Derrotado en las batallas de Ceriñola y Garellano, perdió el reino. Su breve dominio significó la transición al virreinato español.
Fernando el Católico (Fernando II de Aragón)
1452–1516.Rey de Nápoles como Fernando III (1504–1516)
Tras expulsar a los franceses, incorporó Nápoles a la Corona de Aragón de forma permanente. Gobernó mediante virreyes, iniciando un período de más de dos siglos de dominio español que mantendría los Habsburgo. No residió en Nápoles, pero estableció un virreinato estable.

⚠️ Durante 230 años (1504–1734) Nápoles fue un virreinato bajo los reyes de España (Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II y Felipe V). No se incluyen como monarcas independientes de Nápoles, sino como soberanos de España que gobernaron a través de virreyes. El trono napolitano recuperó su independencia con la conquista borbónica de 1734.

Borbones de Nápoles y las Dos Sicilias (1734–1861)

Carlos de Borbón (Carlos VII de Nápoles, luego Carlos III de España)
1716–1788.Rey de Nápoles 1734–1759
Hijo de Felipe V de España e Isabel de Farnesio. Conquistó los reinos de Nápoles y Sicilia durante la Guerra de Sucesión Polaca, coronándose como Carlos VII. Impulsó enormes reformas ilustradas: construcción del Palacio de Caserta, excavaciones de Herculano y Pompeya, creación del Real Ejército y la Academia de Ciencias. En 1759 abdicó para ser rey de España, dejando los tronos napolitanos a su hijo Fernando. Bajo su reinado Nápoles dejó de ser un virreinato para convertirse en un reino independiente.
Fernando IV de Nápoles (Fernando I de las Dos Sicilias)
1751–1825.Rey de Nápoles (1759–1799, 1799–1806, 1815–1816)
Hijo de Carlos de Borbón, gobernó bajo regencia hasta 1767. Su reinado fue turbulento: sufrió la invasión francesa, la proclamación de la República Partenopea (1799), la huida a Sicilia, y el dominio de José Bonaparte y Murat. Restaurado en 1815, en 1816 unificó formalmente Nápoles y Sicilia en el Reino de las Dos Sicilias bajo el nombre de Fernando I. Figura débil pero longeva, presenció el fin del antiguo régimen.
Francisco I de las Dos Sicilias
1777–1830.Rey 1825–1830
Hijo de Fernando I. Su corto reinado fue una continuación del despotismo ilustrado tardío. Gobernó con prudencia pero sin grandes reformas. Apoyó a los carbonarios moderadamente. Falleció en Nápoles.
Fernando II de las Dos Sicilias (el Rey Bomba)
1810–1859.Rey 1830–1859
Hijo de Francisco I. Su reinado osciló entre modernización inicial (ferrocarriles, industria) y represión feroz tras las revueltas de 1848. Bombardeó Mesina, ganándose el apelativo despectivo. Fue uno de los mayores enemigos de la unificación italiana. Murió mientras el Reino de las Dos Sicilias se encaminaba a su fin.
Francisco II de las Dos Sicilias
1836–1894.Último rey (1859–1861)
Hijo de Fernando II. Asumió el trono en pleno avance de las fuerzas garibaldinas. Perdió el reino tras la batalla del Volturno y el asedio de Gaeta (1860-1861). Se exilió en Roma y luego en París. Su derrota significó la anexión al Reino de Italia. Murió en el exilio, símbolo de la caída de la soberanía borbónica.

Legado de los reyes de Nápoles


Patrimonio artístico

Humanismo napolitano

Identidad sureña

El Reino de Nápoles, con sus seis siglos de historia, dejó un legado monumental en arquitectura (Castel Nuovo, Palacio Real de Caserta), música, literatura y un sentimiento de identidad meridional aún vivo. Los reyes aquí biografiados —desde Carlos I de Anjou hasta Francisco II— representan las luces y sombras de una monarquía compleja y fascinante.