La entrada de los pueblos germánicos en España a partir del siglo V transformó profundamente su historia. El término "germano" aparece hacia el 80 a. C. aplicado a un grupo concreto y luego se extendió a otros pueblos afines. Pertenecen al grupo indoeuropeo y su cuna geográfica fue el norte de Europa (Schleswig-Holstein, Dinamarca y sur de Suecia). Con el tiempo se formaron tres grandes grupos: occidentales, del norte y orientales.
Entre los grandes pueblos germánicos destacan godos (visigodos y ostrogodos), vándalos, burgundios, longobardos, suevos, francos, sajones y alamannos. Su organización social incluía nobles, libres, semilibres y siervos. La unidad política era la *civitas*, gobernada por asambleas de hombres libres armados. El ejército era popular, basado en la infantería. Sus creencias religiosas eran naturalistas, sin templos, y con dioses como Ziu, Wodan, Donar y Freia.
La familia se organizaba en torno a la *Sippe* (grupo de parentesco), con fuerte influencia en la venganza de sangre y tutela. El contacto con Roma fue intenso: hubo guerras, esclavitud, asentamientos de colonos y germanización del ejército. Lejos de una destrucción violenta, el Imperio romano occidental decayó progresivamente, y los germanos conservaron gran parte de su cultura, dando lugar a una síntesis fecunda, como ocurrió en el Estado visigótico en España.
Los reinos vándalo, suevo y visigodo forjaron la transición del mundo antiguo al medieval en Hispania, dejando un legado jurídico, religioso y cultural que pervivió más allá de la conquista musulmana.