El Sultanato de Rum (también conocido como Sultanato Selyúcida de Anatolia) fue el estado fundado por la rama de la dinastía selyúcida que se estableció en Asia Menor tras la batalla de Manzikert (1071). Su nombre "Rum" (Roma) reflejaba la percepción islámica de estas tierras, antes pertenecientes al Imperio Romano de Oriente (Bizancio). Durante más de dos siglos, los sultanes de Rum gobernaron un territorio que abarcaba la mayor parte de la Anatolia central y oriental, desde las costas del Egeo hasta el alto Éufrates. Fueron los arquitectos de la turquificación de la península, combinando las tradiciones nómadas turcomanas con la sofisticada cultura persa y la herencia grecorromana.
Orígenes y consolidación: Tras Manzikert, el comandante selyúcida Suleiman ibn Qutalmish, primo del sultán Malik Shah I, se desplazó hacia el oeste y tomó Nicea (İznik) en 1075, estableciendo allí su capital. Aunque inicialmente vasallo de la Gran Selyúcida, Suleiman pronto actuó de forma independiente. El sultanato floreció a pesar de la Primera Cruzada, que expulsó a los selyúcidas de Nicea (1097) y los obligó a replegarse a Konya (Iconio), que se convirtió en su nueva capital y corazón del estado.
Apogeo y esplendor cultural: El siglo XIII fue la edad de oro del Sultanato de Rum, especialmente bajo los sultanes Kaykaus I y Kayqubad I. Konya, Kayseri y Sivas se transformaron en centros de comercio, arte y sufismo. Los selyúcidas de Rum construyeron impresionantes caravasares a lo largo de las rutas comerciales (como el Sultan Han), fomentaron el intercambio con genoveses y venecianos, y atrajeron a pensadores y poetas como el gran místico Rumi, que se estableció en Konya. El estado alcanzó su máxima extensión, controlando la costa mediterránea hasta Alanya y la costa del Mar Negro hasta Sinope.
La invasión mongola y el declive: La batalla de Köse Dağ (1243) contra los mongoles ilkanatos fue un punto de inflexión. El sultán Kaykhusraw II fue derrotado y el sultanato se convirtió en vasallo de los mongoles. A partir de entonces, los sultanes gobernaron bajo la supervisión mongola, sumidos en luchas internas y divisiones. Los emiratos fronterizos (beylicatos) comenzaron a ganar autonomía. Entre ellos, un pequeño beylicato en el noroeste de Anatolia, liderado por Osmán, daría origen siglos después al Imperio Otomano. El último sultán selyúcida de Rum, Mas'ud II, murió alrededor de 1308, y con él se extinguió la autoridad de la dinastía, aunque varios pretendientes mantuvieron el título de forma efímera.
Legado: El Sultanato de Rum dejó una huella indeleble en la historia de Turquía: sentó las bases de la identidad turco-islámica de Anatolia, estableció las primeras instituciones estatales que luego heredarían los otomanos, y creó un patrimonio arquitectónico y literario que aún perdura. A continuación, se presentan las biografías completas de todos los sultanes de Rum que gobernaron efectivamente, desde la fundación hasta la desaparición de la dinastía.
El Sultanato de Rum transformó Anatolia para siempre, fusionando el Islam, la cultura persa y la herencia grecorromana en una nueva civilización que sería el crisol del Imperio Otomano.